Javi Pessoa, artista de obras con nostalgia de Japón

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Hoy queremos presentaros Javi Pessoa, un artista sevillano que vino a este mundo en 1983 y que logra trasmitir cierto no-sé-qué de Japón. Sus obras contienen un aire nostálgico, dulce y evocador.

Lo conocí a través de la publicación de su libro titulado Las palomas pasajerasdel cual hizo la ilustración y el texto. Tiene la capacidad de conducirme a la época de mi infancia, cuando no me importaba nada el mundo exterior y, al mismo tiempo, me importaba todo.

Mientras disfrutaba de su libro, percibí que hablaba de Japón o de un lugar imaginario que se parece a Nippon. Con estas curiosidades todavía en la cabeza, me puse en contacto con Javi Pessoa. En su cuento no aparece ninguna palabra japonesa, ni siquiera en el nombre de la protagonista, por lo que no pude asegurar su nacionalidad. A través de esta entrevista he sabido que en realidad aparece un topónimo japonés en su cuento, y que cuando lo leí no me di cuenta debido a mi ignorancia. Además, el nombre de la protagonista de Las palomas pasajeras coincide con el apelativo cariñoso de su mujer.

Actualmente Javi vive en su ciudad natal de Sevilla con Yukiko, su esposa japonesa. Puesto que tenía interés por Japón desde edad muy temprana, comenzó a estudiar japonés a los 15 años. A los 20 estuvo en Japón durante un año con una beca. Estudió en la facultad de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla, donde concluyó su doctorado sobre la cultura de la flor en Japón. Actualmente lleva un proyecto relacionado con su tema de la tesis doctoral.

Entrevista a Javi Pessoa

CoolJapan: Ya sé que creas ilustraciones en las cuales aparece algo típico de Japón. Pero ese «típico» lo es para los japoneses, e imagino que los extranjeros no conocen mucho cómo es la caja de cartón de mandarinas que dibujaste. Por eso, noté que conoces bastante la cultura de mi país.

Además, publicaste un libro de cuentos con tus propias ilustraciones. Yo también tengo uno. En este libro destaca el tono de los colores y la narración suave. Tu uso de los colores es justamente el que a los japoneses nos gusta: colores pálidos que se fusionan con el paisaje de Japón, un país lluvioso. Aunque hay días que aparece el cielo azul océano. Bajo el cielo nublado, los colores de la naturaleza se ven un poco apagados.

Antes que nada, me gustaría que nos hablaras sobre la relación entre tú y Japón. ¿Cuándo te interesó? ¿De qué manera te influye la cultura de Extremo Oriente? Si tiene algo que te gusta, cuéntanoslo, por favor.

Javi Pessoa: Mi interés por Japón surgió prontito. Empecé a estudiar japonés cuando tenía 15 años porque me atraía mucho Japón (videojuegos, manga…), pero lo que más me enganchó de todo fue el idioma. En 2004 (con 20 años) me dan una beca para estudiar japonés durante un año en la Tokyo Gaidai. Allí conozco a Yukiko, que ahora es mi mujer, y desde entonces voy a Japón casi todos los veranos. Ella es de Koide (en Uonuma-shi), un pequeño pueblecito del interior de Niigata que me encanta. A mí me gustan mucho los pájaros, y aquella zona es muy buena para disfrutar de muchos tipos de aves y de la naturaleza en general.

Por ejemplo, el cuento de Las palomas pasajeras publicado en Chidori Books surge en ese contexto: Koide es un valle hundido entre montañas, que se divide en dos por el paso del río Uono. En los márgenes del río aparecen humedales y muchas aves migratorias, como el milano o la garza, aprovechan estos lugares para anidar o para pasar allí la primavera. Por eso Shimo, la protagonista de Las palomas pasajeras, espera a las palomas que han de volver a su pueblo tras pasar el invierno en el sur.

CJ: ¿Cómo llegaste a ser ilustrador y escritor? ¿Tuviste una formación especial? ¿Con qué material trabajas?

JP: En cuanto a ilustración, he estudiado Bellas Artes en Sevilla, pero hace dos veranos hice un curso de nihonga (pintura al estilo japonés) en Koide con el profesor Hiroyuki Tanaka. Y gracias a eso añado algunas veces algo de nihonga a mis ilustraciones, que normalmente están hechas con collage y con retoques digitales. Normalmente empiezo recortando papeles y telas de fibras naturales. A veces continuo haciendo collages de la manera tradicional, y otras veces fotografío todo y lo trabajo por ordenador.

Respecto a textos, gracias a estas experiencias en Japón he escrito mi tesis doctoral sobre la cultura de la flor en Japón. La tesis, titulada La flor como refugio, la defendí en 2014 en la facultad de Bellas Artes de Sevilla, y hace unos meses la publicó la editorial Comares dentro de su colección de estudios asiáticos con mi nombre verdadero de Francisco Javier Ruiz Carrasco.

Después de escribir mi tesis, me di cuenta que quería seguir contando cosas sobre Japón, y fue por lo que hice el cuento de Las palomas pasajeras.

CJ: Había visto el nombre Yukiko en unas cartas de Navidad e imaginaba que tu pareja era  compatriota mía. Es de Niigata, ¿no? Uonuma es una ciudad conocida por el cultivo de un arroz de excelente calidad (koshihikari) y por ser un lugar donde nieva mucho. He ido una vez, cuando mi hermana era universitaria en la universidad de Niigata.

JP: Sí, Yukiko es de Niigata, y alguna vez su madre nos ha mandado arroz koshihikari a Sevilla… (Risas)

CJ: Junto con tu experiencia de la vida en Japón, y tu mujer, que posiblemente te inspire, me gustaría que contaras de qué elementos está compuesto Japón. ¿Qué color le darías simbólicamente a Japón?

JP: Referente a tu pregunta sobre el color, te comento que cuando pinto, normalmente utilizo veladuras de blanco y así cada color se va suavizando hacia unos tonos pasteles. Y así veo yo Japón, con colores suaves; colores pasteles. Por eso, si tengo que elegir un color para Japón, eligiría el naranja pastel, que es algo así como color salmón, o pink-gold como decís los japoneses. Creo que en eso tienen mucho que ver, precisamente, los arrozales de Uonuma, y es que por la tarde, cuando les da el sol, tienen ese color.

Las veces que puedo ir a Japón voy a Uonuma, y allí no hay nada más que arrozales y pajaritos que intentan coger los granos de arroz. Esa imagen me encanta, y si me preguntas los elementos de los que está compuesto Japón, te diría esos: los pájaros y los cereales; en definitiva, los pequeños animalillos y la vegetación [mi tesis iba también sobre ese tema, sobre la relación entre la flor (o el vegetal) y la relación con los pequeños animales (insectos y aves)].

CJ: He escuchado varios casos en que los hijos querían estudiar japonés pero encontraron la oposición de sus padres. Aunque conozco a algunos a los que sus padres les apoyaron desde que quisieron estudiar. Parece que 15 años es una edad temprana para aprender el idioma japonés si no tienes raíces japonesas. Supongo que tus padres son comprensivos, ¿verdad? Cuándo te interesó Japón, ¿tus padres tenían algún conocimiento sobre el país o su cultura?

JP: Sobre la edad a la que empecé a estudiar japonés, la verdad es que con 15 años yo no tenía idea de nada en la vida… Mi familia sabía que me gustaba mucho Japón (por los videojuegos, sobre todo) y mi madre me apuntó a japonés en la Universidad de Sevilla (no era necesario ser universitario para entrar en clase de japonés). Mis padres no conocían de Japón más que lo que es habitual, pero la verdad es que siempre me han apoyado en todo lo que quería hacer. ¡Incluso me animaron a estudiar Bellas Artes, que entonces no parecía que tuviera ninguna salida profesional!

CJ: No imaginaba que aprendieras nihonga. Soy amante del arte en general, pero últimamente tengo varios artistas de nihonga preferidos y estoy presentándolos al mundo hispano. Me parece que el nihonga está recuperando fuerza y hay muchos pintores jóvenes con talento. ¿Qué te ha aportado el aprendizaje de la técnica de nihonga?

JP: En relación al nihonga, fue un descubrimiento de hace poco. Hace tres años, el hermano de mi mujer se enteró de que a su pueblo venía un artista nihonga más o menos famoso (Hiroyuki Tanaka) justo cuando yo iba a ir, así que cuando llegué a Uonuma estuve pintando un poco con él. Fueron tres días solamente, pero fue una de las experiencias más felices de mi vida. Desde entonces, trabajo nihonga de vez en cuando, porque me gusta preparar el pigmento, el gohun, etc. De todos modos, aunque trabaje por ordenador, hay cosas del nihonga que han influido mucho en mis ilustraciones. Por ejemplo, casi todas mis ilustraciones tienen un montón de veladuras, y eso es algo que antes de practicar nihonga no hacía. Precisamente es lo que hace que los colores de mis trabajos sean más suaves, más tipo pastel como comenté antes.

CJ: Los andaluces son conocidos como amantes de los jardines. Puesto que has sentido la influencia de la naturaleza de Japón, quizá tengas un jardín o patio, un rincón dedicado a Japón, o si no lo tienes actualmente, ¿te gustaría hacer un jardín con un toque japonés?

JP: Da la casualidad que he escrito un capítulo del libro de El jardín japonés publicado (bajo el nombre de Francisco Javier Ruiz Carrasco) por Casa Asia en Tecnos: en ese capítulo hablo sobre el lugar de la flor en el jardín japonés. Y es que antes de ir a Japón pensaba que los jardines japoneses no tenían flores, que eran solo musgo y piedras. Pero al llegar a Japón vi que incluso el musgo daba flor, y que hay lugares en los que se planta estratégicamente un asagao para que cuando llegue el verano destaque entre el manto de musgo.

Ahora vivo en un piso, pero mi sueño es vivir en una casa en el campo… ojalá que en Japón. Entonces sí cultivaría musgo y seguramente plantaría una hilera de kakitsubata (iris laevigata). Pero si es aquí, en la sierra de Sevilla, donde el clima es muy seco y caluroso, seguramente sea un jardín distinto, con rosas y flores silvestres. Aunque por supuesto que plantaría también kikyō (桔梗, platycodon grandiflorus), que es la flor del pueblo de Yukiko.

Kikyō, Platycodon grandiflorus.
Kikyō, Platycodon grandiflorus.

CJ: Me gustaría preguntarte como persona que conoces la cultura hispana y la japonesa, ¿qué podemos aprender recíprocamente de ambas culturas?

JP: La verdad es que no sabría decirte qué podéis aprender los japoneses de los españoles… Pero al contrario, lo que los españoles podemos aprender de Japón creo que es el respeto por la naturaleza y por todos los seres vivos. Por ejemplo, los japoneses creo que no comíais carne hasta la era Meiji, cuando los extranjeros empezaron a popularizar el consumo de carne de animales. Y me parece que sigue habiendo un respeto hacia los animales mucho mayor que aquí en España, donde la gente no tiene empatía ninguna hacia otros seres vivos. Justo esta semana termina en España la temporada de caza y a partir de ahora empiezan a aparecer perros de caza abandonados en el campo… Son cosas que en Japón es difícil de imaginar.

CJ: ¿Ahora mismo tienes en marcha o en mente algún proyecto relacionado con Japón?

JP: Sobre el proyecto que tengo en mente, es uno sobre la recuperación del kikyō (platycodon grandiflorus). Es una flor muy común en Japón, pero que acaba de entrar dentro de la catalogación de las plantas en peligro de extinción. Mi idea es popularizar la flor del kikyō a través del patrimonio artístico japonés: es decir, hacer un estudio de la importancia de esta flor en la cultura artística japonesa para que vuelva a tener importancia dentro de la comunidad japonesa. Tendrá mucha importancia en este proyecto, además, la nueva revitalización del nihonga, donde hay artistas que ahora mismo están usando esta flor para sus obras.

Ya tengo preparado todo y ahora estoy buscando subvención para llevarlo a cabo a través de varias becas del gobierno japonés.

CJ: ¡Anda, tienes buen conocimiento sobre el jardín japonés! En el pueblo valenciano donde yo vivo es muy difícil cultivar las plantas autóctonas de Japón. En mi piso ya han muerto varias camelias y azaleas. Los españoles de la región interior dicen que en Valencia hay humedad, pero percibo que no la suficiente como para tener la tierra cubierta de verde. Lo exótico atrae a ciertas personas, pero las plantas también sufren para adaptarse en un lugar inadecuado. Por eso existen bonsáis de árboles mediterráneos como el olivo, algarrobo, almendro, etc.

Respecto al kikyō, he visto una planta muy parecida en un vivero. Tenía flores muy parecidas al kikyō pero con un tallo más corto. No sabía que está categorizado como una planta en peligro de extinción. Te agradezco que te interese ese tema y tu intención de salvar el kikyō.

Podría decir que algo que podemos aprender de los españoles es a expresar la alegría sin límites. Aunque haya casos en los que debería contenerse el sacar otras emociones. Hoy en día, debido a la globalización o quizá a nuestra idiosincracia de tener alta adaptación al estilo occidental, para bien o para mal, hay japoneses que muestran júbilo en público. No obstante, tradicionalmente hemos sido educados para dar prioridad a los demás, para pensar en otras personas. Si ganas algo, quieres mostrar alegría. Es normal. Sin embargo, en Japón los ganadores deben comportarse firmemente pensando en su competidor derrotado, al que seguramente le duele su corazón. Es una filosofía bonita. No para ser una persona inexpresiva ni para ser una persona con falsa modestia.

Yo soy un poco así y a veces me siento triste porque me cuesta demostrar mi alegría. En teoría, sé la costumbre y el comportamiento de varios lugares y podría hacer según dice el proverbio «donde fueres, haz lo que vieres», pero si cambio completamente mi comportamiento dependiendo de la cultura donde vaya, me sentiría un poco falsa. Es una de muchas cosas que tengo como asignatura pendiente.

JP: Me ha gustado tu visión de la exteriorización de las emociones de españoles y japoneses. Como tú dices, la postura de los japoneses tiene su sentido en muchos casos, como es en la figura del que gana ante el que pierde. Yo a veces pienso que estaría más cómodo dentro de una sociedad que no exteriorizara tanto sus emociones como aquí en España, pero es verdad que cuando voy a Japón me siento como si necesitara expresar más… Supongo que son cosas muy difíciles de cambiar.

***

Javi me atendió muy amablemente y pude establecer una conversación interesante (espero que esta entrevista sea interesante para vosotros también). A través de esta entrevista percibí su personalidad cálida, amistosa y que posee una sensibilidad no solo artística, sino también social y medioambiental. La impresión que tuve durante la conversación era igual de la que había tenido tras ver sus ilustraciones.

Javier Pessoa, te deseamos que te vaya todo bien. Muchas gracias por tu colaboración con CoolJapan.es.


Fuentes:

Bio del autor

Lisa Kobayashi

Profesora de japonés, traductora, ensayista, articulista y prologuista de obras literarias. Nacida en Iwate, en el norte de Japón, tras vivir en Kioto, Yokohama, Tokio y Hong Kong, llegó a España a finales de 2008. Se declara apasionada del baile español y del flamenco.