Playdia, la consola de sobremesa de Bandai

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En la anterior entrada que publiqué sobre consolas hablé de la maravillosa WonderSwan de Bandai. En este artículo escribiré sobre la consola de sobremesa que esta compañía sacó a mediados de los noventa, la Playdia. Con esta consola, Bandai pretendía consolidar su presencia en el mercado de los videojuegos. Para todo jugador que vivió aquella década, sobre todo los japoneses, aquella fue una era dorada de las consolas.

Nintendo, como siempre, dominaba el mercado con la Super Famicon. De esta consola y de la Famicon nacieron las grandes series que han llegado hasta nuestros días: Dragon Quest, Final Fantasy, The Legend of Zelda, Metroid, Romancing Saga, Tales of, Castlevania

Si en nuestro país nos «conformábamos» con las consolas de Nintendo, Sega, Sony y SNK, no sucedía lo mismo en el mercado japonés. El mercado de las consolas en este país fue mucho más amplio: en la segunda mitad de los noventa, un japonés podía comprar la 3DO, Sega Genesis, Super Famicon, Sega Saturn, Virtual Boy, Game Boy, Neo-Geo, WonderSwan, Apple Pippin, PC-Engine, PSX… Comparado con el mercado europeo, el mercado japonés siempre ha sido mucho más amplio, con una gran competencia entre las compañías de videojuegos.

playdia

El poder de la Playdia

Si tenemos que hablar de la consola más «extraña» que haya salido en el mercado, esta sería la Playdia. Esta consola estuvo pensada y diseñada para el otaku japonés y no tan japonés, pues cualquiera que fuese su poseedor pudo disfrutar de las grandes franquicias del anime. Como ya expliqué antes, Bandai intentó hacerse con un trozo del pastel lanzando la WonderSwan y la Playdia. Sin embargo, esta última no dejó de ser más que un esfuerzo inútil para destronar a Nintendo como reina de las consolas. La única compañía que consiguió derrotar a Nintendo fuera de Japón fue Sony con la PSX y la PS2. La primera consola de Sony fue la heredera de la Super Famicom, que provocó la «decadencia» de Nintendo (solo en América y Europa) hasta la llegada de la Nintendo DS y la Wii.

playdia dragon ball

Pero para poder conocer mejor qué ofrecía la Playdia en su momento, tenemos que mirar las especificaciones técnicas de la consola. Sin duda fue una consola que tenía lo mejor de cada casa y podría haberse convertido en la mejor consola del momento, pero no fue así.

Arquitectura de la Playdia

  • Sanyo Lc89515 – CD-ROM Host Interface
  • Toshiba TA2035F – CD Focus tracking server
  • Toshiba tc9263f – CD Single Chip processor
  • Rohm 6398FP – 4 Channel BTL Driver for CD Player motor
  • Toshiba TMP87C800F – 8 Bit Microcontroller (8K ROM, 16K RAM) – 8 MHz Operation, can access 64K (TLCS-870 series which is based heavily on the Z80)
  • Sharp LH52B256 – 256K (32K x 8) Static RAM chip
  • NEC μPD78214GC – 8 Bit Microcontroller (16K ROM, 512 byte RAM) – 12 MHz Operation, can access 1MB (NEC 78K series)
  • Toshiba TC514256JAJ – 256K Word x 4 Fast Page DRAM Chip
  • Asahi Kasei AK8000 – Audio / Video processor
  • Philips DA8772AH – Triple 8Bit DAC converter
  • Sony CX1229M – NTSC/PAL Decoder
  • Rohm BA10324AF – Quad Op Amp
  • Sanyo LC78835K – 18BIT DAC with filter
  • Rohm BU3052BCF – Dual 4 Channel Analogue Multiplexer

¿Pero cómo era esta consola? Si la miramos con la visión actual que tenemos ahora del mundo de los videojuegos, nos puede parecer un aparato muy limitado, pero veinte años atrás la Playdia fue una consola innovadora y revolucionaria. Fue una de las primeras consolas que presentaba un mando inalámbrico que se conectaba a la consola por infrarrojos, toda una gran innovación cuando los mandos iban conectados a la consola por cable. Además los juegos no eran los de siempre, sino que consistían en películas interactivas en CD. El jugador miraba la película y en determinados momentos de la acción tenía que tomar decisiones convirtiendo cada experiencia en una experiencia en vivo con lo que está sucediendo en la pantalla. En momentos claves de la película, la acción se paraba y tenías que tomar una decisión que afectaba el resultado final de lo que estabas viendo.

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Si en Japón esta consola no fue el gran éxito comercial que esperaban en Bandai, en Europa fue diferente. Muchos otakus y jugadores de la época estaban deseosos de que esta compañía decidiera sacar sus consolas en el mercado europeo y americano. Por supuesto, aquí también sucedió lo mismo. Acababa de nacer el fenómeno manga y el movimiento otaku estaba en plena evolución.

Sony desbancó a Nintendo con su PSX y el Final Fantasy VII arrasó el mercado, pero los gamers de aquella época y de la década siguiente miraban la Playdia como la consola de sus sueños. El catálogo de juegos de anime era demasiado bueno para poder dejar escapar la oportunidad de tener una consola como esta. En los primeros salones del manga se convirtió, junto con la Famicom y la Super Famicom, en la joya que todo coleccionista de videojuegos tenía que tener y guardar como oro en paño. Sin duda, la consola de Bandai fue la consola de los gamers y seguidores de lo japonés cuando empezaron a identificarse a sí mismos como otakus.

Pero por esos misterios del mercado japonés, la consola no acabó de cuajar dentro del mundo gamer de aquel país. Finalmente, esta consola acabó por desaparecer del mercado. Con la muerte de la Playdia, y en el 2002 con el canto del cisne de la WonderSwan Crystal, Bandai abandonó por completo el interés por desarrollar nuevas consolas. Después, con la desaparición de Sega como fabricante de consolas tras el fracaso de la Dreamcast, la competición solo quedó entre Nintendo y Sony.

Después de la desaparición de sus consolas, Bandai se dedicó a la creación de videojuegos para las diferentes plataformas que iban surgiendo y que le ha llevado a una fructífera relación comercial con Namco.


Fuentes.

  • Texto consulado Neoteo | Texto creado por Sergio Paterna [CoolJapan.es]
  • Imágenes extraídas Flickr
Bio del autor

Sergio Paterna

Blogger, traductor y difusor de la cultura japonesa. Graduado en Estudios de Asia Oriental - Japón - en Universidad Autónoma de Barcelona y finalmente magíster en Lingüística Teórica y Aplicada por la Universidad Pompeu Fabra.