El último pasajero de una estación fantasma

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Es curioso que en ciertos lugares (como pueda pasar en España, por ejemplo) se cierren líneas de ferrocarril por falta de usuarios. Es una práctica de rentabilidad, no soy yo quien lo vaya a censurar, pero que tristemente ha dejado pueblos con estaciones vacías y sin vías, cuyos raíles han sido desmontados para instalarlos en las vías de servio de las modernas líneas de alta velocidad o conexiones de mercancías. Un paisaje desalentador que languidece con el paso del tiempo engullido por la vegetación. Sin embargo, a veces te enteras de alguna historia que te esboza una tímida sonrisa y, sin saberlo, te alegra el día.

En Japón, en la isla de Hokkaido, hay un ferrocarril que, pese a seguir circulando, planteaba la supresión de su parada en Kami-Shirataki debido a que ya apenas quedaban viajeros. Más bien solo uno: una estudiante de secundaria que lo toma para ir a clase.

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La decisión habitual habría sido suprimir la estación y que dicha estudiante optara por emplear medios propios, es decir, que la acercaran en coche a una de las estaciones aún en servicio, a unos kilómetros de distancia. Pero sin embargo, JR (Japan Railways) tomó la decisión de mantener el servicio hasta que esta chica se graduara, hasta tal punto que el horario del tren se ha modificado ligeramente para que coincida con su ida y vuelta de clase. Solo hará esas dos paradas durante los meses que le restan; después, la estación de Kami-Shirataki se sumirá en el eterno letargo de tantas otras paradas, viendo pasar el tren en silencio. Será en marzo su justo descanso.


Fuentes:

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admin

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  • Lisa Kobayashi

    Esta historía es conmovedora. Me recuerda a la película que está basada en la novela de Jirō Asada “Poppoya”. Ambos cuentos me han enseñado que todavía queda la gente que trabaja sin contar con la rentabilidad y he visto el lado humano en el ámbito laboral.

    Por cierto, la línea del metro/tren que uso tiene muchas paradas donde casi nadie baja ni sube. Quizás existan para un estudiante que no tiene remedio para llegar a su escuela…

    • Aún quedan muchos apeaderos que muy poca gente los usa. En mi pueblo, por ejemplo, aunque aun existe estación de Feve, la de Renfe la cerraron y la sustituyeron por una máquina expendedora. No es lo mismo, claro, pero es otra forma de ahorrar costes.

      Tal vez lo más sorprendente no es que la hayan mantenido, sino que hayan ajustado los horarios del tren a la estudiante.

      Sin duda da que pensar y es una historia sencilla y bonita, con un lado muy humano que muchas veces echamos en falta.

  • Muy buena entrada Javier. Además un hecho curioso. Da una lección de que una empresa puede (y debería) de vez en cuando plegarse a la necesidad de las personas, aunque sean sólo una. Cosas que solamente vemos en Japón. Habría que copiarles en muchas cosas, macho…

    • Gracias! 😀

      Creo que hay más ejemplos por el mundo (o eso quiero creer), pero no deja de ser una historia muy humana, de pequeños y sencillos hechos de los que se puede aprender mucho.

  • Felicidades por la entrada, la verdad es que me ha encantado.

    Que bonito la verdad!

    • Gracias JC! He disfrutado mucho escribiendo esta breve pero emotiva historia 🙂