5 años tras el terremoto y tsunami de Japón de 2011

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Mapa de la intensidad del terremoto de 2011.

Reflexiones de una japonesa con respecto del gran terremoto de Sendai

La mañana del 11 de marzo, en 2011, estaba mirando un informativo en mi casa en Valencia, España. De repente aparecieron las imágenes de un tsunami, tragando seres vivos, casas, árboles… Me quedé congelada. Fue el primer impacto que tuve sobre el terremoto y el tsunami de Tohoku. No pude parar de llorar. Aquellos días lloraba todo el tiempo. Sentí impotencia, quería ayudar pero no sabía cómo podía hacerlo. Nadie deseaba que ese gran terremoto causara el terrible tsunami ni tampoco el imperdonable accidente de la central nuclear de Fukushima.

Hoy, 11 de marzo de 2016, es el quinto aniversario del terremoto de Tohoku. Da la casualidad de que los japoneses y los españoles compartimos un triste aniversario el 11M. En febrero de 2016, la Agencia Nacional de Policía publicó la cifra de víctimas que hubo debido al terremoto y al tsunami de Tohoku: 15.894 muertos, 6.152 heridos y 2.562 personas desaparecidas.

Yo nací en la región de Tohoku, situada en el norte de Honshu (la mayor isla de Japón). El apelativo de Tohoku es Michinoku, que viene de la palabra fondo (oku) y de camino (michi): hace referencia a unos caminos que conducían al mar y al monte, es decir, que habla de una región recóndita. Hay una parte que pertenecía a la tierra del pueblo Ainu, una etnia indígena que abarca desde el norte de Japón hasta una parte de Rusia. Los japoneses solían olvidarse de Tohoku, un territorio rural lleno de montañas, hasta aquella catástrofe. Tohoku es rural. Si lo describo positivamente, diría que Tohoku es una zona idílica llena de verdor, hay lugares casi vírgenes.

Muchos lugares que vi en las noticias del terremoto me eran familiares. Cuando era pequeña, durante el breve verano de Tohoku iba a la playa donde aquel día el tsunami llegó hasta la zona residencial. Rikuzentakata, la ciudad costera que salió innumerables veces en las noticias, es la ciudad natal de una amiga mía. Me contaba historias sobre la playa de su ciudad, donde paseaba con su abuela. Desde la época universitaria ha vivido en Sendai. Me puse en contacto con ella tras el terremoto. Me dijo que sus padres habían desaparecido. La última vez que los vi fue en la boda de mi amiga. Casi medio año después, confirmaron el fallecimiento de sus padres.

Puesto que Japón es víctima de una gran actividad sísmica, cada vez aumenta más el número de edificios antisísmicos gracias al desarrollo de la tecnología. En algunas zonas tienen aparatos que detectan terremotos con un poco de antelación. Tan pronto como ha ocurrido un terremoto, aparece la información en la tele para transmitir la intensidad del mismo, el epicentro, la profundidad del hipocentro y la magnitud, la posibilidad de que se produzca un posterior tsunami, etc. Aparte de la magnitud, los japoneses medimos la fuerza del terremoto en grados. De momento hay desde 0 hasta 7. El nivel 0 significa que no hay terremoto. El nivel 1: solo una parte de la gente que está dentro de edificio puede percibirlo. El nivel 2: la mayoría de la gente que está dentro de edificio lo percibe. Algunos sienten que están mareados. El nivel 3: casi todos los que están dentro de edificio lo perciben. El nivel 4: la gente dormida también se despierta. El nivel 5 débil: mucha gente quiere huir a un sitio que tenga seguridad. El nivel 5 fuerte: se percibe terror. Uno no puede moverse fácilmente. El nivel 6 débil: cuesta mantenerse en pie. El nivel 6 fuerte: no se puede estar de pie. Las ventanas y los azulejos de los edificios se caen. El nivel 7: se pierde la libertad de movimiento. Aumenta la posibilidad de deslizamientos de tierra y derrumbamientos.

En Japón, los japoneses estamos acostumbrados a los terremotos hasta cierto punto. No solo porque los recibimos con frecuencia, sino porque hacemos simulacros, sobre todo el 1 de septiembre, el aniversario del Gran Terremoto de Kantō de 1923. En varios puntos de Japón, hay lugares donde se pueden experimentar grandes terremotos, como el de Kantō y Kōbe. En el terremoto de Tohoku, la mayoría de la región detectó la intensidad de un nivel superior a 5, incluso se alcanzó el nivel 7. Los daños se extendieron a casi todo el país. Las islas de Hokkaido, Shikoku y Kyūshu también se sacudieron.

A Tokio, que está en la región de Kantō junto a la de Tohoku, le afectó ese terremoto. Los trenes se pararon y hubo gente que no pudo volver a casa. Desde hace mucho tiempo se habla acerca de posibilidad del reparto de las funciones que se llevan a cabo en Tokio con otras ciudades. No obstante, ahora mismo Tokio es la capital, el centro de negocios, de la política, etc. Todos los poderes están concentrados en Tokio. En aquel momento las actividades de la ciudad se detuvieron. Cuando Tokio deje de moverse, es posible que Japón caiga en la miseria. Lo siniestro de ese terremoto y el posterior tsunami consiste en que no acababa de ser una catástrofe natural, sino artificial. Los humanos crearon un monstruo que ya no pudo ser frenado por manos humanas.

Debido a la amenaza de la radiación de la central, no poca gente huyó de Tokio o de Japón. Hubo gobiernos que enviaron aviones para facilitar la evacuación de los ciudadanos que residían allí. Me preocupaba tanto por la gente de Japón que ofrecí nuestra casa y las casas de otros amigos y familia en España, que previamente me habían dado el visto bueno, para alojar a mi familia y a los amigos japoneses que pude. Sin embargo, ninguno quiso abandonar Japón.

Aunque no se fueran a otro país, hubo empresas que se trasladaron a Osaka. Un amigo es empresario y tiene su oficina en el centro de Tokio. Es de Himeji, cerca de Osaka. Me dijo: «si ahora mismo Tokio se quedara vacío, Japón se acabaría. No voy a ningún sitio. Trabajaré para animar a Japón». Percibí el espíritu samurái en sus palabras. Ya que los trenes tardaron en volver a funcionar, ese amigo iba a la oficina en la bicicleta. Pensé que puesto que exsistía este tipo de japonés que tiene una mentalidad fuerte, Japón no se hundiría. Sentí alivio.

Justo después del terremoto, mi familia de Tohoku tuvo que pasar varios días sin luz. En marzo todavía hace frío en el norte y a veces nieva. En las tiendas no quedaba ni comida ni combustible. Durante aquel caso de emergencia, mis compatriotas no perdieron su humanidad. En la serie de acontecimientos vinculados al terremoto, hubo tristeza, bulos y asuntos sucios, pero pude ver la virtud de mi pueblo. Mucha gente sentía impotencia pero quiso ayudar a su manera. Sinceramente, hasta entonces no los estimaba en su justo valor.

Se dice que los japoneses somos colectivistas. No puedo aceptarlo por completo. Cierto es que a los japoneses nos importa vivir como una parte de la sociedad a la cual pertenecemos. Depende de dónde se encuentren las personas en cada momento, la sociedad crea círculos de pertenencia como el de la empresa, la escuela, organizaciones, clubes, etc. Pese a que el dicho anterior tenga cierta razón, cuando salimos de la sociedad somos bastante individualistas. Mucha gente va a comer a un restaurante a solas, viaja por su cuenta, etc. No obstante, sabemos cuándo necesitamos unirnos para ayudar o hacer algo difícil. Allí no hay excusas ni quejas. Me costaba imaginar que los japoneses pudieran soportar una situación tan miserable, sobre todo los que nacieron después de la guerra, cuando el país ya había recuperado el poder económico y bastante gente estaba acostumbrada a la vida acomodada.

Recuerdo que justo después del desastre, la prioridad era ayudar a los supervivientes, a la gente que perdió el hogar y su familia. Luego, la idea de austeridad se propagó y parecía que el Japón estaba de luto. Luego aparecieron algunos que animaban a la gente que pudiera gastar dinero a gastarlo para animar la economía, con el objetivo de elevar el ánimo del país. La manera de apoyar a las víctimas fue diversa, pero todos compartieron la misma finalidad: animar a Japón.

En aquel tiempo, dado que no podía quedarme sin hacer nada, hice unas postales con papel japonés llamado washi, las cuales vendí al precio del donativo que cada cual estimase. Recaudé más de 300 euros, que luego ingresé en la cuenta bancaria de la Cruz Roja de Japón. Afortunadamente, la mayoría de mi familia y mis amigos estaban sanos y salvos. Otros amigos de Kanto también me contaron que pasaron unos días sin luz y sintieron que la luz era lo más importante de las infraestructuras.

Tras aquella catástrofe, la manera de vivir de los japoneses ha cambiado. La naturaleza nos demostró de nuevo su poder, la impotencia de los humanos y la fugacidad de la vida. Una amiga mía dejó de trabajar en una famosa empresa y comenzó a trabajar en lo que de verdad deseaba. Por otro lado, la amiga que había perdido a sus padres en el tsunami, antes trabajaba mucho pero ahora viaja de vez en cuando. Mucha gente, no solo japoneses sino también personas de otros países, intentaron ayudar a las víctimas y a los lugares dañados. Todavía hay gente que sufre, ha aumentado la tasa de suicidio y las heridas que se produjeron en el fondo del corazón posiblemente no se hayan cicatrizado todavía.

Tenemos que convivir con la naturaleza. La naturaleza es a veces cariñosa y a veces diabólica. De esta manera en Japón nacieron muchos dioses vinculados a ella. Estos dioses despliegan una gran actividad en la mitología. Además, gracias a esta tierra de intensa actividad sísmica podemos gozar de termas naturales. Un año después del terremoto, volví a Japón y vi los lugares afectados por el tsunami. Todavía quedaban escombros, guardarraíles doblados, árboles ahogados por la salada agua del mar, etc. Eran unas escenas desalentadoras.

Mapa de Tohoku.
Mapa de Tohoku.

La gente de Tohoku continúa luchando. Cada prefectura tiene sus propias costumbres y cultura. Todavía no hay muchos turistas extranjeros, posiblemente haya bastante gente que no ha tenido la ocasión de comunicarse con ellos. No obstante, os animo que visitéis la región.

Enumero algunas actividades y lugares interesantes de Tohoku, comenzando por Aomori, la prefectura situada más al norte de la isla de Honshū.

El festival de Nebuta de Aomori.
El festival de Nebuta de Aomori.

En Aomori se celebra el Nebuta Matsuri, una fiesta de grandes lámparas de papel con dibujos. Hay una zona llamada Osorezan donde habitan unos chamanes ciegos llamados itako. Aomori comparte el lago Towada y un parque natural sereno y bonito con la prefectura de Akita.

El festival de kamakura en la ciudad de Yokote en Akita.
El festival de kamakura en la ciudad de Yokote en Akita.

En Akita hay una fiesta escalofriante llamada Namahage. Los hombres, disfrazados de oni, un tipo de diablo, visitan las casas donde hay niños preguntando si allí habitan niños malos o si hay niños llorones. En invierno, se celebra la fiesta de kamakura, un tipo de casita hecha de nieve. Junto a la prefectura de Akita, se ubica la de Iwate.

Ryūsendō, cueva de estalactitas de Iwaizumi en Iwate.
Ryūsendō, la cueva de estalactitas de Iwaizumi, en la prefectura de Iwate.

Hiraizumi fue declarado como patrimonio de humanidad por la UNESCO. Se trata de un lugar vinculado con al célebre clan Genji. La gruta de estalactitas llamada Ryūsendō nos enseña los misterios de la naturaleza. Debajo de Iwate está la prefectura de Miyagi.

El hermoso paisaje y las islas de Matsushima en Miyagi.
El hermoso paisaje y las islas de Matsushima, en Miyagi.

Masamune Date fue el samurái y daimyō que en 1613 mando la embajada Keichō, cuyo líder fue Tsunenaga Hasekura, el cual viajó con su gente a México y España. Masamune Date era de Sendai, la actual capital de Miyagi, en cuya prefectura se encuentra el paraje insular de Matsushima. Allí se puede disfrutar de una naturaleza majestuosa. Junto a Miyagi se sitúa la prefectura de Yamagata.

La calle donde se encuentras las casas de saturáis en Kakunodate en Yamagata.
La calle donde se encuentran las casas de saturáis en Kakunodate, en Yamagata.

Kakunodate es el lugar donde se conserva el paisaje de la época samurái. Además, es conocido por su bella floración de cerezos en primavera y un espectáculo de fuegos artificiales en verano.

Ōuchijuku de Fukushima conserva el paisaje de la era Edo.
Ōuchijuku, en Fukushima, conserva el paisaje de la era Edo.

Y así llegamos a Fukushima, la última prefectura de Tōhoku. Desgraciadamente, el terremoto de 2011 hizo a Fukushima internacionalmente conocida. Hay varios castillos en Aizuwakamatsu, Sirakawa y Nihonmatsu. Ōuchijuku es un lugar donde se conservan casas con tejado de paja que en el periodo Edo se usaban como alojamiento.

5 años después del terremoto y tsunami de Japón, es probable que el interior de los japoneses haya experimentado cambios. Creo que esta transformación constante forma parte del destino de habitar en una tierra sísmica rodeada por el mar. Cada año, cuando se acerca el 11 de marzo, no puedo evitar pensar en Tōhoku y en la fuerza de la naturaleza, apreciar la solidaridad de la nación japonesa, recordar la amabilidad de la gente del todo el mundo, reconocer una vez más la importancia de disfrutar cada momento.

Agradezco vuestro interés. Muchas gracias.


Fuentes:

Bio del autor

Lisa Kobayashi

Profesora de japonés, traductora, ensayista, articulista y prologuista de obras literarias. Nacida en Iwate, en el norte de Japón, tras vivir en Kioto, Yokohama, Tokio y Hong Kong, llegó a España a finales de 2008. Se declara apasionada del baile español y del flamenco.