Entrevista a Ana San Gabriel, autora de «Erie, Kanji y la bicicleta azul que les espera en Tokio»

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Ana San Gabriel

Al concluir la redacción de su novela Erie, Kanji y la bicicleta azul que les espera en Tokio, su debut como novelista, son más de veinte los años que Ana San Gabriel lleva viviendo en Japón. Más aún, la autora cuenta con una trayectoria excepcional. Llegó a Tokio como investigadora universitaria, se incorporó a una importante empresa y logró escalar en el organigrama hasta puestos de alta responsabilidad. Como mujer y como extranjera, se la puede considerar toda una pionera. Un extenso bagaje que da por descontado su conocimiento del país y de sus gentes.

Esa experiencia vital la vuelca en esta experiencia literaria. Un debut con la pluma que está a expensas de una acción de crowdfunding para su publicación. El proyecto resulta prometedor para todo aficionado a la lectura y a la idiosincrasia japonesa. Qué mejor, pues, que dirigirnos a su autora.

Lo que pretendía ser una entrevista, dado el carácter cercano de la escritora, se convirtió en otra cosa. Un agradable encuentro que hizo cálida la fría y ventosa tarde de otoño. Una amena conversación que compartimos aquí para dar a conocer algo de Ana San Gabriel y mucho de su novela.

bicicleta azul

Entrevista a Ana San Gabriel

Cool Japan: Cuéntanos, ¿quién es Erie y quien es Kanji?

Ana San Gabriel: Son dos personajes que ni siquiera recuerdo cómo los cree. Dos chicos jóvenes, del mundo del diseño y la arquitectura. Tampoco son nada especial, simplemente dos personas que empiezan a vivir y se encuentran y descubren una sincronía muy especial. Encuentran el uno en el otro las cosas que andan buscando para ellos mismos.

CJ: En los fragmentos de la novela que he podido leer reconozco lugares del mundo real. Algunos que he conocido como Tokio —se habla, por ejemplo, de Shirokane— o Londres. Otros que no conozco pero que describes con precisión. ¿Es real el mundo de Erie y Kanji? ¿Cuánto hay de ficticio en él?

ASG: Hay un poco de todo. Me daba un poco de miedo hablar directamente de mí misma. Al usar estos personajes puedo reflejar mi experiencia sin exponerme tanto. Algunos lugares los conozco directamente, por ejemplo Okinawa. Toda la parte de Okinawa es consecuencia de un viaje que hice allí y que me impresionó mucho. Sin embargo, no he estado nunca en Ishinomaki. ¡Tengo muchísimas ganas de ir!

Pero sí que lo entiendo bastante como un entorno simbólico. Más que una realidad concreta, lo que pretendía mostrar era la sensación que tienes al ser joven. Cuando tienes toda la energía y puedes llegar a creer que el mundo es tuyo. Y de repente llega la vida y te genera un descalabro. Y nada de lo que te habías imaginado te va a salir. Ahí es donde he puesto más energía, en describir cómo te enfrentas a esa situación. Cómo te reconstruyes a ti mismo cuando la vida te golpea. Cómo te creas, de alguna manera.

Hay un personaje que sí lo he tomado totalmente de la realidad. Alguien con quien sí siento que le entiendo perfectamente. Me sirvió de modelo para crear el personaje de Tōji, el padre de Kanji. Pero con un personaje femenino no me atrevo. No siento que pueda entender a las mujeres japonesas bien y me da respeto.

Shiisa
Un típico «shiisa» sobre el tejado de un edificio en Okinawa. Este animal mitológico es el símbolo por excelencia del archipiélago meridional.

Un relato muy personal

CJ: Ya nos has explicado quiénes son Kanji y Erie, ¿pero quién es Ana San Gabriel? Parece que hay mucho de tu experiencia en la novela.

ASG: Soy muy soñadora. También muy introvertida, siempre estoy metida en mi mundo. Además, disfruto de compartir mi vida con una persona que también es bastante así. Disfruto las cosas muy íntimas. Igual escribir esta novela es una forma de exteriorizar este mundo particular mío. De compartirlo con otras personas.

Este libro me ha ayudado mucho al obligarme a analizar la vida interior de estos dos personajes. A entender su parte psicológica. Cómo se articulan la acción y la reacción. Ser consciente del hecho de que si yo hago o digo algo va a tener consecuencias en otra persona, en lo que sentirá o pensará. Esa experiencia me ha gustado. Recrear diálogos desde los dos puntos de vista ayuda a entender que hay posibles reacciones que a uno a lo mejor ni se le ocurren.

Esta novela plasma una época de mi vida, cuando estaba en los treintaipico. Por eso los personajes principales son internacionales, japoneses pero no exclusivamente arraigados en Japón. Me da apuro pensar que entiendo la mentalidad japonesa. Entiendo a mi marido, pero él también es como yo, alguien que ha vivido en otros países. Además hay una parte de compromiso personal de dar valor al pluralismo cultural. Cosas como el que cuando hablas con tu pareja escoges una lengua u otra según a lo que te refieres, o lo que quieras expresar. A veces no sabes por qué asocias un idioma con una afectividad y la otra con otro tipo de sensación.

Sentía una necesidad de hablar desde la perspectiva de lo multicultural porque es algo que he vivido personalmente. Por ejemplo, no me veo capaz de crear una novela con personajes españoles en España. Llevo ya más de veinticinco años fuera de mi propio país y ya no sé cómo reaccionaría o pensaría si siguiera viviendo allí… Es más fácil escribir sobre alguien que se te asemeja, aunque no sea exactamente como tú. Mi experiencia internacional ha tenido mucho impacto en mi vida. Quería mostrar eso, que quienes no han vivido en otros países o compartido su vida con alguien de otra procedencia vean que hay otras cosas.

Quería escribir una historia de amor, pero que tuviese sustancia. Que tuviese su profundidad. Darle el toque japonés que es lo que yo conozco… Japón ha sido el país que me ha domesticado.

CJ: ¿Quieres decir que has tenido un pasado salvaje?

ASG: ¡No! Lo que pasa es que era una persona muy espontánea. Nunca pensaba en las consecuencias de lo que decía, lo soltaba todo tal como me salía. No con mala idea, pero como todas las personas jóvenes, muy del momento. Pero al vivir aquí vas aprendiendo a pensar más en las otras personas, que hay cosas que es mejor no decirlas… Esto forma parte del proceso de maduración aquí y en cualquier otro país, pero en Japón ha sido algo que ha sido muy marcado para mí. Las relaciones sociales aquí son muy particulares y es necesario ser muy respetuoso. Eso me ha cambiado.

Por ejemplo: al enfadarte. En España lo resolvemos a gritos y no pasa nada. ¡Aquí si pego un grito a mi marido le asusto! (ríe)

CJ: Al elegir el término «domesticar», puede que algún lector lo entienda como algo negativo. Como una pérdida de identidad, que acabas haciendo lo que quieren que hagas…

ASG: Hace tiempo vi una obra de teatro que me influenció mucho y lo he tomado de ahí: La fierecilla domada. La tengo muy presente. No lo entiendo como algo negativo. Lo que sí está claro es que soy una persona diferente a la que sería si no viviera aquí. La vida en Japón me ha obligado a esforzarme continuamente en aspectos en los que en España me hubiera dejado ir. De hecho, cuando voy allí de vacaciones, a los pocos días me aburro. Parece que me falta estímulo.

Aquí estamos continuamente luchando con un montón de situaciones. Que no entiendes bien el idioma, las situaciones sociales… Hay una presión por la mejora continua que marca mucho. No te da la posibilidad de dejarte llevar.

La condición humana

CJ: ¿Estás en Japón por obligación o por voluntad?

ASG: Cuando sucedió el terremoto en 2011 me di cuenta, por primera vez, de que no me podía marchar de aquí. Que esta era mi gente. Si en algún momento dudé de si debía marcharme fue pensando en lo que debían de estar pasando mis padres, en la distancia. Pero cuando mi marido me pidió que me quedara aquí entendí que, realmente, no me había planteado irme. No quiero decir que todo sea bueno, ni que la vida sea fácil. Lo que pasa es que mi vida ya está aquí.

La experiencia de 2011 me sorprendió y me enseñó mucho. Me impresionó la reacción calmada y civilizada de la gente. Era un día como hoy, de frío y viento. Pero la gente en la calle hacía colas en silencio. Los empleados de los konbini me dieron una imagen de absoluta dignidad. No sé si seguían trabajando obligados o por responsabilidad, pero allí estaban. Y con las estanterías casi vacías, la gente cogía uno o dos artículos, a pesar de que igual les quedaban varias horas de caminar de vuelta a casa, para que quedara algo a los que esperaban detrás. Con las aglomeraciones en las estaciones la cosa podría haber acabado en verdaderas tragedias, pero no hubo el más mínimo conflicto.

Me di cuenta de cómo la sociedad es un instrumento para sobrevivir a situaciones tremendas. La actitud y la respuesta de las grandes empresas dejaron mucho que desear… Pero la gente de a pie es otra cosa. La gente corriente aguantó muchas cosas con una enorme dignidad.

himeyuri
El Himeyuri no to, el monumento en recuerdo a las enfermeras asesinadas durante la batalla de Okinawa, es otro de los elementos presentes en la novela.

CJ: Llegados a este punto, quiero rescatar algo que me has dicho antes de empezar la entrevista sobre tu intención de escribir historias en clave positiva.

ASG: Yo creo que en la condición humana desde luego conviven lo bueno y lo malo. Pero lo que realmente hace que la vida tenga valor creo que son las cosas que te cuestan esfuerzo, que tienes que lucharlas, pero de las que te sientes orgullosa al ver los resultados. La amistad, las relaciones de familia, de pareja… son cosas a poner en valor.

Me pareció importante hablar de cuándo tiene relevancia el amor. No cuando todo es fácil y maravilloso, sino cuando se tienen que superar dificultades. Cuando la vida te pone a prueba. Yo creo que ahí es donde reside la belleza del alma humana.

Por eso no me gusta que haya tantas historias en clave negativa, de violencia… Quería expresar que vale la pena armarse de paciencia y superar adversidades. Eso es lo que he intentado y espero haberlo hecho bien.

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Estamos convencidos de que sí. Gracias, Ana, y esperemos que la campaña de crowdfunding llegue a buen puerto y que el público lector pueda disfrutar de Erie, Kanji y la bicicleta que les espera en Tokio.


Fuentes:

  • Entrevista y texto creado por José Montaño [CoolJapan.es]
  • Imágenes cedidas por Ana San Gabriel
Bio del autor

Jose Montaño

Licenciado en Geografía por la Universitat Autònoma de Barcelona y en Humanidades por la misma institución. Master en Cultura y literatura de Asia Oriental por la Universitat Oberta de Catalunya y en Cine y audiovisual contemporáneo por la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente desarrolla su investigación sobre la reescritura crítica del cine japonés contemporáneo, en el marco del programa de doctorado en Humanidades de la UPF. Su proyecto investigador fue seleccionado por Japan Foundation para el Japanese Studies Fellowship Program, en virtud del cual realizó una estancia como investigador invitado en la Universidad de Waseda (Tokyo). Cuenta con diversas publicaciones académicas y mantiene el blog https://eigavision.wordpress.com/