Cinco referentes del japonismo europeo en los siglos XIX y XX

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La pasión que sentimos por Japón no es algo reciente. En Europa desde el inicio de la Edad Moderna la cultura de Extremo Oriente ha influido lentamente en las creaciones artísticas occidentales. Es especialmente a finales del siglo XIX, cuando llegaron las grandes olas japonesas a las costas europeas, gracias a la apertura del archipiélago nipón tras las Reformas Meiji.

El proceso de lo que se conoce actualmente como japonismo surge a medidados del siglo XIX, comenzando en la capital francesa y poco a poco extendiéndose el resto de capitales europeas, de la que destacaríamos Londres. Así, sería Philippe Burty, el crítico francés quien acuñó el término para describir ese gusto por el país del sol naciente que tenían granes figuras de referencia como Manet, Degas, Monet, Toulouse-Lautrec o Gauguin.

La pintura europea, académica o no, bebió de las culturas más exóticas, como la africana o la oriental. Así, este gusto por lo diferente no se detuvo en el mundo árabe y pronto alcanzó las costas de China y Japón.

Llamó especialmente la atención en este sentido lo diferente, aquello no visto usualmente, por lo que rápidamente bebieron de Japón. Esto hizo que los principales autores del momento apreciaran especialmente la planitud y el valor de la línea, el color y el ritmo en lugar de los espacios ilusionistas a los que el arte nos tenía acostumbrados. Veámos algunos ejemplos

Inglaterra y Joseph Wright

WrightJoseph Wrigth, también conocido como Wright of Derby, fue un pintor inglés famoso por ser «el primer pintor profesional que expresó el espíritu de la Revolución industrial», tal como describió F. D. Klingende en Painting in Britain 1530 to 1790. Este artista se dedicó especialmente a la pintura paisajista y de retratos.

Durante su carrera tuvo contacto con oriente gracias a diversas exposiciones. Se sabe que en 1862 Sir Rutherford Alcock realizó la primera exposición e artículos artísticos japoneses en la capital británica, exhibiendo su variada colección personal. De ellas destacaban piezas de incalculable valor y útiles de los samuráis y de las altas clases niponas.

Gracias a esta exposición, pintores como Wright se enamoraron de la cultura de Extremo Oriente, incluyendo muestras de ello en su obra personal. Así, poco a poco la pintura inglesa del siglo XIX va captando distintos objetos de origen oriental, como lo demuestra este «Retrato de Sir Neill O’Neill».

Francia, la impulsora del japonismo modernista de Toulouse-Lautrec

lautrecEl modernismo francés bebió enormemente de las corrientes orientales, siendo además la cuna sobre la que se sustentaría posteriormente la influencia japonesa de otros autores franceses, centrados en el impresionismo. De este modo, los primeros pasos de las influencias de extremo oriente en el país vecino llegaron a través de autores tan destacados como Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa, más conocido simplemente como Toulouse-Lautrec.

Cartelista y pintor francés, trabajó durante la segunda mitad del siglo XIX representando la vida nocturna parisina. Su obra no puede entenderse sin su influencia por lo japonés, que marcó profundamente su estilo.

De esta forma, y aunque no se aprecian objetos decorativos japoneses como en el caso anterior, podemos ver que la planitud del color, el tratamiento de la línea, o su escasa paleta cromática beben enormemente de aquellos biombos nipones llegados hasta Occidente. Así, por ejemplo, podemos ver como sus fondos aunque no contengan el clásico pan de oro, suelen tener un tono ocre que lo simula.

La visión austriaca de Gustav Klimt

klimtGustav Klimt, el famoso pintor simbolista austríaco, es uno de los mayores representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Klimt pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que manifestó también gracias a artesanías de todo tipo.

La obra de Klimt cuenta con un marcado carácter sexual, como lo demuestra en El Beso o en Dánae. La mujer, al igual que sucede en gran parte de la estampa figurativa nipona, es uno de los temas recurrentes de Klimt.

Diferentes historiadores del arte coinciden en señalar el carácter ecléctico de su estilo pictórico. Alguno apuntan a referencias al arte egipcio, mientras que otros a una influencia fuerte del bizantino. De este artista austríaco se conoce su pasión por Durero y, en lo referente al arte de Extremo Oriente, su amor por los artistas de la escuela Rinpa japonesa.

Esta última fue una de las principales escuelas pictóricas japonesas, cuyo máximo esplendor lo vivieron durante el periodo Heian. Su estilo se caracterizaba por un uso del dorado, y una mayor ornamentación que otras escuelas como la Kano. Curiosamente y aunque llevado al extremo, estas son dos características de la pintura de Klimt.

El japonismo parisino de Monet

monetFrancia fue la cuna del arte occidental durante este periodo, y no es de extrañar que numerosos pintores de diferentes estilos y movimientos visitaran la capital o vivieran en ella. En este periodo, sin duda, uno de los autores que más bebieron de las influencias orientales fue Oscar-Claude Monet, el padre del impresionismo.

Autor de Impresión, sol naciente, la cual dio origen al movimiento, Monet no solo es conocido por sus nenúfares, sino por toda una serie de obras de lo más japonistas. Su cuadro, «La Japonesa» es quizá uno de los ejemplos más conocidos del japonismo europeo.

A pesar de permanecer firme a su estilo de pintura, abogó por representar motivos, poses y composiciones cada vez más orientales. En este ejemplo podemos ver como la representación de la mujer, en kimono, es propia de la estampa nipona, además de la decoración empleada, o el peinado de la modelo.

Los países bajos de Van Gogh

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El célebre pintor de los girasoles no solo es famoso por sus paisajes sobre la noche estrellada. Este pintor neerlandés realizó cerca de 900 obras, clasificadas como post-impresionistas. Su trabajo está marcado por su aprendizaje autodidácta, llegando a un estilo único, que, a pesar de ser reconocido a título póstumo, hoy día es uno de los grandes maestros de la pintura.

Van Gogh no sólo trabajó en los ya conocidos paisajes y autoretratos, sino que también se interesó por las corrientes orientales. De este modo, se dejó influir enormemente por la estampa japonesa, especialmente por los grabados Ukiyo-e de Katsushika Hokusai, Utagawa Hiroshige y Kitagawa Utamaro.

De ellos aprendió mediante el arte de la copia, sus composiciones y el tratamiento del color. Así, aunque muy a su estilo, podemos encontrar reproducciones de las obras más famosas de Hiroshige o Hokusai. El ejemplo más claro de ello podemos verlo en el cuadro «Japonisería: Puente bajo la lluvia» que reproduce la obra de Hiroshige «Puente Ohashi, chubasco repentino cerca de Atake» realizada sólo unas décadas antes.

Sin más, esperamos que os hayan gustado estas muestras sobre la unión entre el arte Oriental y Occidental, y no olvidéis comentad cual de ellas es vuestra favorita. Esperamos encontrar nuevas muestras contemporáneas de esta interrelación entre ambas vertientes artísticas.


Fuentes:

Bio del autor

Macarena Torralba

Licenciada en Bellas Artes en la U. de Sevilla, actualmente es doctorando en la misma universidad. Estudiante de diseño y apasionada por el arte y la cultura nipona.