Crónicas del TIFF 2015: Dos platos fuertes con postre

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Hecho ya el comentario sobre The Inerasable, quedan aún pendientes las otras dos películas japonesas en la competición oficial del festival, los que debieran ser los platos fuertes del certamen. Se trata de Foujita (『FOUJITA』, Kōhei Oguri), sobre la figura del pintor Fujita Tsuguharu, y de la distópica Sayonara (『さようなら』 Sayōnara, Kōji Fukada), adaptación a la pantalla de una éxitosa pieza teatral.

Lejos de ser un biopic al uso, Foujita se estructura (o se desestructura) en una desmadejada sucesión –cronológica, eso sí– de estampas de la vida del pintor. Sin mayor contextualización, la cinta se abre con el artista trabajando en la penumbra de su taller parisino. La estética del filme está marcada por ese permanente claroscuro que parece beber más de Zurbarán que de la explosión vanguardista del ambiente que retrata. Un fragmento vital jalonado de relaciones con mujeres de fuerte carácter, fiestas desmadradas y reconocimiento a su arte, contrastando con esa ambientación oscura.

Más contrastes en la segunda parte del filme, que no se despega del tono gélido pero muestra al pintor retornado a su país natal y desplazado a provincias huyendo de los bombardeos en Tokio que marcaron el tramo final de la Guerra del Pacífico. Cambiando a Picasso por sencillos campesinos como vecinos, privado de la libertad artística que gozaba en su anterior hogar, obligado a poner su pincel al servicio del régimen, la personalidad del protagonista no parece trastocarse. Un cierto halo de madurez le imprime más la compañía sosegada de su nueva esposa que su propia reacción al triste signo de los tiempos.

Una película impecable en su ejecución técnica, pero me temo que el resultado final no difiere de la descripción que hago en el párrafo anterior. Deja detalles de interés, pero también una fría sensación de desapasionamiento. Igual de contenida se expresa Sayonara, que parece doblar la apuesta por distanciar emocionalmente a su público. Una suspensión emocional que podría ser de esperar, tratándose del primer filme co-protagonizado por un androide, el Geminoid-F, que comparte cartel con Bryerly Long, también acreditada como productora ejecutiva de la cinta.

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Hiroshi Ishiguro, creador del Geminoid-F y su creador, junto a la protagonista y el director de Sayonara

La esperada reflexión sobre los límites de lo humano está ahí, y además retratada de una forma hermosa. Lástima que, por momentos, quede la impresión de que la cosa podría haber dado más de sí. En los primeros minutos, la hierática interpretación de Long se antojaba como una búsqueda de la imagen especular de su réplica robótica, algo que no se acaba de confirmar, o por lo menos no se articula con claridad. La cosa se tuerce cuando llega una escena de sexo, cuya función uno espera ver justificada por la narración pero que acaba por parecer tan innecesaria como la forzada desnudez de la protagonista en el tramo final, que no parece aportar más que un subrayado estético.

Aparecen las dudas, tanto en la capacidad interpretativa de la actriz como de las decisiones autorales. En la trayectoria de Fukada se distingue una querencia por los cineastas franceses, con Eric Rohmer como referencia reivindicada, que aquí completa con el contraste entre las tomas de interior y las de amplios espacios abiertos con profusión de vegetación mecida por el viento. Sugestión de trascendencias que evocan determinados clichés, que parecen reclamar a gritos la atención del aparato crítico europeo. Esa intención que intuyo me disgusta, pero aun así debo reflotar mi valoración de una película que tiene recompensa por el buen gusto con que compone sus largas tomas y por el sugerente clímax final. La última bobina del filme, cuando el androide se adueña de la pantalla, lo redime de las dudas suscitadas y nos depara una conclusión tal vez no del todo inesperada, pero sí plena de sincera emoción.

Por desintoxicarnos un poco de tanto fotograma, demos un paseo por las actividades paralelas del festival. Uno de los ratos muertos entre proyecciones lo dedique a disfrutar –de forma casual, porqué se trataba de una prueba de sonido– del Cinema Music Jam. En este mismo espacio, el Roppongi Hills Arena, se encontraban desplegados los mostradores del Tokyo Cinema Cuisine, que eran el verdadero objetivo de la visita. Menú de Akasaka Rikyu y vuelta a la sala de proyección para el postre cinematográfico.

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Menú de Akasaka Rikyu

Demasiado azúcar en Spring has come (『スプリング、ハズ、カム』 Supuringu, hazu, kamu, Ryohei Yoshino), que narra la jornada de visita a Tokio de un padre de provincias con su hija, buscando piso para su estancia en la universidad. Él es el padre perfecto, ella la hija perfecta. Encontrarán el piso adecuado en una zona perfecta, con una vecina perfecta y un afortunado encuentro con unos transeúntes que les deparará una velada estupenda. La luminosa fotografía del filme se diría alegórica: el conflicto no asoma por ningún sitio. Descubriremos que la familia es solo de dos miembros porque la madre murió a causa del parto, pero ni esa revelación plantea la mínima sombra de trauma. El rato se pasa de forma agradable, algo bueno para apuntar porque no aparece el aburrimiento. Y si lo hace, se embelesa uno con la delicada belleza de la joven protagonista, una debutante Anna Ishii de la que no podremos apreciar si llega acompañada de talento hasta que la veamos en un proyecto de mayores ambiciones.

El icónico Cheburashka era un personaje al que desconocía por completo hasta encontrarme con él en el TIFF 2015. Elegí la proyección de Cheburashka Goes to the Zoo (『チェブラーシカ動物園へ行く』 Cheburāshika dōbutsuen e iku) sabiendo únicamente que se trataba de un doble ticket de mediometrajes de animación dirigidos por Nakamura Makoto, por lo que los primeros compases del filme me tomaron totalmente por sorpresa. Los créditos, íntegramente en ruso, ejercían de enésimo recordatorio del desvanecimiento de fronteras en el panorama audiovisual contemporáneo. Por su parte, los amables escenarios poblados por tiernos personajes, creados con tela y fieltro, dinamitaban toda expectativa para quien esperaba una más de las habituales entregas que la industria del anime pasea por los festivales.

Chieri y Cheburashka atendiendo a los medios
Chieri y Cheburashka atendiendo a los medios

Más fácil de reconocer como producto de origen nipón se presenta Chieri and Cherry (『ちえりとチェリー』 Chieri to Cherii). Prácticamente gemela en la composición del equipo de producción, muy similar a nivel técnico, incluso con ciertas coincidencias en el apartado artístico, contrasta radicalmente con su película hermana al introducir en la agradable estética del conjunto un profundo aliento sombrío que atraviesa el metraje. Alguna incursión en la cursilería y un arco narrativo algo obvio se perdonan fácilmente por la eficiencia con que la imaginería dispuesta por Nakamura y su equipo de animadores logra crear el clima emocional buscado. Carezco de competencia para valorar hasta qué punto las técnicas de animación empleadas en ambas producciones suponen un avance en este arte. Mi impresión es que no se plantean grandes innovaciones, pero también que se ajusta a la perfección a lo que la historia y los personajes presentados requerían.


Fuentes:

  • Textos consultados  TTIF 2015| 1 |2 |3 |4 |5 |6| Texto creado por José Montaño [CoolJapan.es]
  • Imágenes extraídas de TIFF 2015 | Imágenes tomadas por José Montaño [CoolJapan.es]
Bio del autor

Jose Montaño

Licenciado en Geografía por la Universitat Autònoma de Barcelona y en Humanidades por la misma institución. Master en Cultura y literatura de Asia Oriental por la Universitat Oberta de Catalunya y en Cine y audiovisual contemporáneo por la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente desarrolla su investigación sobre la reescritura crítica del cine japonés contemporáneo, en el marco del programa de doctorado en Humanidades de la UPF. Su proyecto investigador fue seleccionado por Japan Foundation para el Japanese Studies Fellowship Program, en virtud del cual realizó una estancia como investigador invitado en la Universidad de Waseda (Tokyo). Cuenta con diversas publicaciones académicas y mantiene el blog https://eigavision.wordpress.com/