De excursión al Monte Fuji

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Monte Fuji

Al llegar a Japón tenía una lista impresionantemente larga de cosas que quería hacer. Unas fáciles (ir a un gran torneo de sumo); otras, un poco más raras (visitar las oficinas de Nintendo en Kioto). Pero de entre todas ellas, había una que me imponía cierto respeto: subir al Monte Fuji. Respeto no ya por lo complicada que pudiera ser la excursión en sí, sino también porque era algo que llevaba muchos años deseando hacer y temía que expectativa y realidad acabaran por no coincidir. Después de haber subido a la cima del Fuji, puedo decir que es uno de los grandes recuerdos que guardo de mi paso por Japón. Una excursión casi obligada si viajáis con el tiempo y las fuerzas suficientes y una de esas experiencias que recordaréis para siempre.

Del Monte Fuji (o Fujisan) y sus particularidades

Son alrededor de 300.000 personas al año las que suben al Monte Fuji. Tras el nombramiento de la cima, con 3.776 metros de altura, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2013, se están produciendo importantes masificaciones, sobre todo en los ascensos que se hacen de madrugada para poder ver cómo amanece desde la cima, una vivencia única e irrepetible (a la par que concurrida).

Multitud de gente iniciando el ascenso por la ruta Yoshida

Para ascender al Monte Fuji hay cuatro rutas posibles. La primera, la ruta Yoshida, es la más popular y, por ende, la más frecuentada, aunque no la más corta. Esa es la segunda, la ruta Fujinomiya, desde la que nos puede llevar algo más de cuatro horas realizar el ascenso. La tercera es la Subashiri y, finalmente, la ruta Gotemba: la más larga de todas, con un tiempo de subida aproximado de siete horas. Mi recomendación aquí es la ruta Yoshida, por una cuestión de seguridad, por no vernos solos en ningún momento y con más servicios a nuestra disposición (albergues, refugios, algún que otro local en el que hacer una parada técnica para pegar un bocado a algo caliente, etc.) y porque además está muy bien conectada con Tokio, por lo que hay mil y una maneras de llegar a la 5ª estación, punto de partida de la subida al Fuji.

La temporada oficial de ascenso al Monte Fuji comienza en julio y acaba a mediados de septiembre. El resto del año se puede subir pero no es nada recomendable debido a las condiciones climatológicas extremas, posibilidad de avalanchas, etc. En mi opinión, la época perfecta es a principios de julio, un día entre semana. De esta manera, evitáis las aglomeraciones porque aún hay clases y la temperatura es la mejor posible (en la cima, cerca de los 0º; temperaturas bajas pero aun así las más altas que encontraréis —juntamente con las de agosto— en comparación con el resto de meses).

Como comentaba, la opción por la que opta más gente es por un ascenso que se inicia por la tarde, hace un alto en un refugio (previamente reservado, es imposible hacerse con una plaza el mismo día), retoma el camino de madrugada y llega a la cima alrededor de las 4 de la mañana para poder contemplar así el amanecer en todo su esplendor. Finalmente, y tras descansar el tiempo oportuno se inicia el descenso. La subida puede llevarnos unas seis horas aproximadamente y la bajada, algo más de tres. Sin embargo, hay más opciones. Podéis optar por iniciar el ascenso por la mañana pronto para poder estar de vuelta a eso de las 20:00. Este tipo de ruta es sin duda la que menos afluencia de gente tiene y, por lo tanto, en la que menos aglomeraciones encontraréis. Otra opción es iniciar la excursión por la mañana, ver el atardecer desde la cima, hacer noche en uno de los refugios, despertarse para ver el amanecer desde el propio refugio y descender. Esta última es la que más tiempo os puede llevar pero también la que os permite ir más relajados y sin ningún tipo de prisa.

Amanecer, parcialmente nublado, desde la cima del Monte Fuji

Para poder realizar esta excursión tenéis múltiples opciones. Podéis organizarla por vuestra cuenta, lo que implica simplemente llegar desde donde estéis hasta la 5ª estación que hayáis escogido para vuestro ascenso (ya sabéis: Yoshida, Fujinomiya, Subashiri o Gotemba) y, si habéis planeado ver el amanecer, haber reservado con antelación un refugio (hay más de 40 en todo el Monte Fuji). Otra opción, y la que yo os recomiendo sin ningún tipo de duda, es que contratéis un paquete turístico. Lo podéis hacer desde casa, muchos incluyen guía en inglés y además os ofrecen servicios complementarios como un autobús desde Tokio, comidas, refugio y paso por unos baños termales tras el descenso, un verdadero lujo, vaya. Eso sí, todo lujo tiene un precio. En este caso, puede variar desde los 180€ a los 400€.

En cuanto al equipo requerido, además de comida y bebida, ropa de abrigo adecuada para este tipo de excursiones (en la 5ª estación y hasta la 8ª no será muy necesaria —en los meses de verano hace buena temperatura y estando en constante movimiento entramos fácilmente en calor—, pero a partir de la 8ª hasta la cima, imprescindible), como gorros, guantes, impermeable, buen calzado y bufanda. Se recomienda también llevar protector solar, gafas de sol y, si vais a hacer el ascenso durante la noche, algún tipo de linterna, preferiblemente frontal, para llevar en la cabeza mientras camináis.

Descenso del Fuji tras contemplar el amanecer desde la cima

En mis primeros meses en tierras niponas, un amigo japonés me habló de un antiguo dicho que reza así: «Si vienes a Japón y no subes al Monte Fuji, eres tonto. Si lo subes más de una vez, eres más tonto aún». Y la verdad es que lo entiendo. Es una excursión que supone un esfuerzo importante, que desgasta, pero realmente merece la pena. Es una de esas experiencias únicas que hay que vivir una vez en la vida.

Y vosotros, ¿os animaréis la próxima temporada?


Fuentes:

  • Texto creado por Carlos Alfaro [CoolJapan.es]
  • Imágenes tomadas por Carlos Alfaro [CoolJapan.es]
Bio del autor

Carlos Alfaro

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