Iitokodori y la identidad nacional japonesa (I)

3622 vistas 2 comentarios
Iitokodori

Presentación del Iitokodori

いいとこ取り (iitokodori) se suele definir como el acto de «incorporar lo mejor (de algo)». Es un concepto que hace referencia a la característica japonesa de importar elementos culturales exógenos, pasarlos por el tamiz de su cultura y finalmente incorporarlos a esta.

Toda una serie de autores especialistas en Japón han apreciado esta característica propia de la cultura japonesa. Por ejemplo, Edwin O. Reischauer (1910-1990) embajador de los Estados Unidos en Japón entre 1961 y 1966, se refiere a los japoneses como «raza de prestatarios». Por otro lado, el psicólogo japonés Hayao Kawai (1928-2007) propone la mentalidad japonesa como un “sistema balanceado de centro vacío”. Este centro vacío al que alude, sería fácilmente invadido por elementos culturales foráneos. Posteriormente estos pasarían a la periferia, incorporándose a la identidad japonesa y dejando el centro vacío de nuevo.

Edwin O. Reischauer junto a su esposa, en la segunda parte de esta entrada se hablará sobre la relación cultural entre Japón y Estados Unidos durante la postguerra. Imagen propiedad de gettyimages
Edwin O. Reischauer junto a su esposa, en la segunda parte de esta entrada se hablará sobre la relación cultural entre Japón y Estados Unidos durante la postguerra. Imagen propiedad de gettyimages

Shotoku Taishi y la Constitución de los 17 Artículos

Efectivamente, en Japón existe una larga tradición de adoptar elementos culturales extranjeros. Tradicionalmente de China. Una práctica que se documenta a principios del  siglo VII en la Constitución de los Diecisiete Artículos, atribuida a la figura semi-legendaria del emperador Shōtoku Taishi. Además, introdujo los ideogramas chinos en Japón. Esta constitución incorpora el budismo y el confucianismo a la cultura japonesa, que se integran armoniosamente al sintoísmo autóctono.

El manual Japanese Philosophy a Source Book (recientemente editado en castellano) considera que esta constitución es la primera muestra de filosofía japonesa, afirmando que «el modelo de filosofar aquí es que uno puede tomar ideas y valores ajenos prestados, pero la meta es integrarlos en algo nuevo, un sistema más apropiado para el contexto cultural japonés».

Shōtoku integró el confucianismo y el budismo al pensamiento japonés. Además, intentó tomar lo más beneficioso de estos sin que existieran contradicciones con el sintoísmo autóctono. Si el pensamiento budista supone un riesgo para la legitimidad del emperador, el confucianismo respalda la lealtad y la obediencia como virtudes de los hombres de más alta valía. Se modifica entonces el pensamiento japonés sin que cambie la esencia del mismo, según el aforismo atribuido a Shōtoku:

El Sintoísmo es el tronco, el Budismo las ramas y el Confucianismo las hojas.

La adaptación cultural como seña de identidad japonesa

Se asimilan tanto religiones, como valores culturales, ideas o técnicas. Por ello, la adopción de elementos provenientes de culturas extranjeras no es percibida como amenaza para la identidad nacional, pues es posible adaptarlas al acerbo cultural japonés. Además, queda patente que se toma únicamente aquello que resulte más útil y que mantenga inalterado el propio pensamiento japonés. Como ya se ha dicho, la constitución de Shōtoku supone el nacimiento de la filosofía japonesa, de la misma forma que Tales de Mileto es considerado el primer filósofo en Grecia. No hay duda, lo importante es utilizar una figura que aglutiné las características necesarias para ser considerado el «primer filósofo». Sin embargo resulta llamativo que el elegido para el caso japonés se asocie a la práctica del iitoko dori.

Es evidente, que existe una tendencia japonesa a adaptar elementos culturales foráneos a su propia cultura, la época Meiji (1868-1912) y el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial son un claro ejemplo de ello (estas cuestiones se presentaran en la segunda parte de este artículo). No obstante, conviene reflexionar y tener en cuenta que por norma general cualquier identidad nacional es algo creado, o, como sostenía Benedict Anderson, imaginado. Koichi Iwabuchi realiza un examen muy acertado de la cuestión que se parafrasea en el siguiente apartado.

El Hibridismo estratégico de Koichi Iwabuchi

La identidad nacional no es algo natural o inherente a una nación, más bien se trata de algo construido, creado o imaginado, normalmente basado en las historias nacionales. Sin embargo, el aumento de las interconexiones y los contactos transnacionales en el nuevo mundo globalizado ponen en entredicho la pureza que tradicionalmente se asocia a estas identidades nacionales. La creciente globalización y el incremento de flujos transnacionales enfatizan el hibridismo cultural. Esto es, las prácticas culturales que han surgido del encuentro de dos culturas diferentes, un ejemplo muy conocido sería el jiujitsu brasileño.

Sin embargo, estas interconexiones o flujos transnacionales no han acabado con las particularidades nacionales. Para el caso japonés, Iwabuchi explica como esto ha fortalecido un impulso nacionalista que sostiene la superioridad de la cultura japonesa. Precisamente por contener está característica. Efectivamente «la experiencia moderna japonesa es descrita en términos de apropiación, domesticación e indigenización de lo extranjero de una forma que refuerza una noción exclusivista de la identidad nacional japonesa». Sin embargo, para este autor, esta práctica va más allá de la hibridación cultural, puesto que es considerada como una característica clave de la identidad japonesa en sí misma. Para distinguirlo de los procesos de hibridación, Iwabuchi habla de “hibridismo estratégico” vinculado con la creación de la identidad nacional. La estrategia consiste en convertir esta práctica  de apropiación en algo que enraíza con las características autóctonas del pueblo japonés y que como ya se ha presentado aquí es posible rastrear hasta el siglo VII.

De esta forma, algo que a priori podría considerarse impuro, por esa mezcla de elementos autóctonos y foráneos, es usado para defender la particularidad de la identidad japonesa.


Fuentes:

  • Texto escrito por: Antonio Blat [CoolJapan.es]
  • Textos consulados: Andreson, B. Comunidades Imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo,Heisig, J., Kasulis, W., Maralado, T. P. (eds.), Japanese Philosophy a Source Book, Iwabuchi, K. Recentering Globalization. Popular Culture and Japanese Transnationalism. | Kawai, H. “The Japanese Mind as reflected in their Mythology” PSY-CHOLOGIA, nº 28, pp. 71-76 | Reischauer, The Japanese Today: change and continuity. | Parte de este texto ha sido extraído de la conferencia “Cultura Japonesa y anime:  iitokodori y omoteura en Samurái Chanploo“ impartida por el autor en el II Ciclo Cultural Japón y del capítulo de libro, escrito también por el autor, “iitokodori seña de identidad japonesa desde el siglo VII hasta la difusión del anime” en A. Gómez Aragón, Japón y Occidente: el patrimonio cultural como punto de encuentro.
Bio del autor

Antonio Blat

Licenciado en Historia por la Universidad de Valencia (2013), durante este periodo disfruta de una beca que le permite estudiar en la Universidad de Waseda (2012-2013). Al volver de Japón, cursa el Máster Universitario en Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo en la Universitat Oberta de Catalunya (2015). En la actualidad es doctorando en el departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Valencia y miembro de GEINTEA (Grupo de Estudios: Interacciones Asia-Europa de la Universidad Complutense de Madrid).