Kintsugi y la belleza de la grieta

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Kintsugi

El arte se ha definido en múltiples ocasiones como algo universal y necesario para el ser humano, pues de lo contrario, habría periodos históricos sin él. Quien atribuye y clasifica al mismo no es otro que el hombre, pues al contemplar cualquier creación, siente diferentes emociones, expresiones y sentimientos que el artista ha querido plasmar en su obra.

Sin embargo, no solo el artista influye en la creación. También lo hace el paso del tiempo, modelando constantemente las distintas piezas y elaboraciones que a lo largo de diferentes épocas se han ido realizando. El tiempo en este caso no es solo un filtro para la comprensión del arte, es también un criterio de conservación, pues gracias a él han pervivido algunas de las obras más valiosas que hoy día conservamos.

No obstante, raramente entendemos que el paso del tiempo no solo afecta a la forma en la que percibimos o comprendemos un objeto, sino a la propia alteración del mismo. Y en el arte del Kintsugi, el paso del tiempo juega una especial relevancia, pues este arte evidencia la huella invisible de los años. ¿Pero qué es realmente el Kintsugi? ¿Es un arte o un remiendo?

El Kintsugi, la sanación dorada

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Los conservadores y restauradores del patrimonio, y más aún, del arte, nos consideramos en muchas ocasiones como médicos que intentan salvar las distintas heridas que han sufrido piezas de incalculable valor a lo largo de su transcurso por la historia. En muchos casos, los criterios seguidos, especialmente en Occidente, son aquellos de reintegración de la unidad de la pieza: es decir, devolver al pasado la obra tratada, como si el paso de los años no hubiera pasado por ella.

Sin embargo, el arte japonés del Kintsugi parece ser la cara opuesta de la moneda, pues evidencia y realza aún más si cabe la huella del desgaste de épocas pasadas. Así, este arte consiste en reconstruir las grietas y fracturas producidas en piezas cerámicas mediante el uso de barniz y/o resina, además de polvo de metales preciosos, como oro, plata o platino.

Para entenderlo, hay que comprender su mensaje, pues el Kintsugi se plantea como el realce de la historia de ese objeto. De este modo, las roturas y reparaciones forman parte de la impronta del mismo, de su supervivencia a lo largo de las corrientes del tiempo. Así, son huellas de incalculable valor que merecen ser mostradas en lugar de ocultarse, incorporándose como cicatrices de gran belleza a la pieza estudiada.

Origen del Kintsugi

La historia de este arte japonés se remonta al siglo XV, cuando el sogún Ashikaga Yoshimasa envió a China dos de sus tazones de té favoritos para ser reparados. Estos volvieron unidos mediante unas antiestéticas grapas metálicas que los convirtieron en toscos y desagradables para la vista.

Como era de esperar, el resultado no fue del agrado del noble, quien mandó buscar diferentes artesanos japoneses que enmendaran el daño. De este modo, nació esta nueva técnica de reparación de la cerámica, hoy convertida en arte: el Kintsugi.

El Kintsugi guarda celosamente una técnica que ha permanecido intacta durante muchos siglos, perdurando hasta la actualidad. Esta fue tan apreciada por algunos nobles que se llegó hasta el punto se romper de forma intencionada la cerámica nipona para repararse con mencionado método. Y es que la técnica del Kintsugi no solo embellece gracias a su estética, sino que le aporta valor a las piezas reconstruidas.

De este modo, la técnica de origen japonés no tardó en popularizarse en otros países de Extremo Oriente, tales como China, Vietnam y Corea.

Una técnica centenaria

La elaboración del Kintsugi es una tarea celosamente guardada por maestros artesanos. Sin embargo, diferentes estudios sobre el tema han determinado que la cerámica se reconstruye a partir de una resina empleada como aflutinante de las piezas. Antes de que esta seque, se espolvorea polvo de oro, plata o platino, muy común en otras técnicas artísticas japonesas como el maki-e, el cual se adhiere a la resina aún fresca.

El resultado es una reconstrucción volumétrica de la pieza en la cual se recubren todas las zonas faltantes por una capa brillante que evidencia la fragilidad y el paso del tiempo. Esto puede verse en vídeos como el siguiente, a modo de ejemplo.


Fuentes:

Bio del autor

Macarena Torralba

Licenciada en Bellas Artes en la U. de Sevilla, actualmente es doctorando en la misma universidad. Estudiante de diseño y apasionada por el arte y la cultura nipona.