Kūkai, posiblemente el monje japonés más cool

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Llevo tiempo queriendo escribir algo acerca de Kūkai, un monje budista de finales del s.VIII. Sin embargo podréis pensar, ¿qué tiene que ver este personaje con CoolJapan? Bueno, con Japan tiene bastante que ver, pues es japonés, ¿pero qué tiene de cool un monje de hace cientos de años? Responder a esta pregunta es el verdadero propósito de la entrada: dar a conocer a Kūkai, un clérigo budista al cual se le atribuyen muchos méritos, varios de los cuales perviven y son fundamentales en el Japón actual.

Primeros años de Kūkai

Kūkai, conocido también por su nombre póstumo, Kōbō Daishi, nació en el año 774 en una localidad que hoy en día se la conoce como Zentsūji. Esta ciudad se encuentra en la prefectura de Kagawa, en Shikoku, la menor de las cuatros islas principales de Japón. Kūkai creció en el seno de una familia aristócrata por lo que tuvo acceso a una alta educación. Así pues, desde pequeño aprendió chino y pudo estudiar los textos más importantes que venían del continente. Es por ello que desde muy temprana edad tuvo contacto con el budismo.

Ya con algo más de 20 años vivió como asceta retirado en el monte. En un período que no estaba muy bien visto ser un monje fuera de la ley o del orden preestablecido por el budismo existente. Se dice que en un sueño tuvo la visión de que debía estudiar un determinado texto budista, cuya traducción al japonés estaba muy limitada. Por lo que se puso manos a la obra y se dedicó en cuerpo y alma a ello.

Viaje a China

Fruto de su esfuerzo por el estudio budista, consiguió embarcarse en una expedición oficial, patrocinada por la administración, a China. Allí tenía la esperanza de encontrar un maestro y aprender más sobre el texto de su sueño. Llamadme imaginativo, pero siempre he pensado  que Kūkai se embarcó en una especie de «Erasmus» budista a China.

En China Kūkai logró encontrar un gran maestro que le introdujo en el budismo esotérico. Él esperaba estar unos 20 años aprendiendo esa doctrina, pero tenía una gran capacidad y a los pocos meses su maestro consideró que estaba preparado. Poco después su maestro murió, pero antes le encomendó la tarea de difundir el budismo esotérico por Japón, son los primeros pasos de la secta budista Shingon, la cual pervive aún en la actualidad.

Pasó dos años más en China, en los que mejoró su caligrafía, su prosa y sus conocimientos de los textos budistas y de otras muchas artes. Así pues, cargado de libros y artilugios chinos desembarcó en Japón.

De vuelta en Japón

Kūkai supo relacionarse bien a su llegada, adquiriendo cada vez mejores puestos en la administración. Incluso fue nombrado director del famoso templo Tōdaiji, de Nara. Desde esa posición le fue fácil transmitir sus nuevos conocimientos.

Posteriormente se retiró en el monte Kōya. Lugar donde actualmente se encuentran un complejo de templos que son la sede central, por así decirlo, del budismo Shingon. Pero su vida no terminó allí, ni mucho menos. Escribió multitud de textos, e incluso fue designado ingeniero en la construcción de una presa, la cual sobrevive en la actualidad.

Cuando aún quedaban varios años para su muerte, se le encargó la finalización de las obras del templo Tōji, en Kyoto. Este templo, junto con el Saiji, fue designado como templo protector de la ciudad de Kyoto. Sin embargo, con los años su contrucción parecía no terminar nunca. Está claro que en la antigüedad tenían los mismos problemas con la construcción que ahora. Por lo que seleccionaron a Kūkai para terminar la obra. Y no solo la terminó, sino que además consiguió un edicto por el que se otorgaba al budismo Shingon el uso en exclusiva del Tōji. Obteniendo Kūkai de este modo su gran objetivo, la estabilización y difusión del budismo Shingon.

Su vida no termina ahí, fue nombrado máximo responsable de la oficina de asuntos budistas, la posición más alta en lo que hoy sería una especie de Ministerio. Y finalmente pudo completar uno de sus sueños, una obra maestra de escritos budistas.

Ya enfermo y cansado se retiró una vez más en el monte Kōya. Allí Kūkai practicó ayuno y estuvo meditando hasta que finalmente murió a la edad de 62 años. Contrariamente a los ritos de entonces no fue incinerado, sino enterrado. Cuentan que una vez abrieron su tumba y su cuerpo permanecía incorrupto. De hecho, se dice que aún no ha muerto, está en un estado de meditación continuo esperando la llegada del nuevo Buda.

Está claro que la vida a Kūkai le dio para mucho. Siendo un hombre tan polifacético me gustaría analizar un poco alguna de esas facetas.

Budismo Shingon

Kūkai ante todo era un monje. Practicaba, como sabemos, el budismo Shingon. Una secta budista esotérica. Por cierto, cuando hablo de secta budista, no quiero dar el sentido de secta que tenemos en Occidente, me refiero más a una rama o escuela. El decir que es una secta esotérica significa que hace un especial hincapié en los rituales que conducen a la iluminación. La otra doctrina budista esotérica que existe en la actualidad es el budismo tibetano, que es el tipo de budismo que se ha difundido entre los países Occidentales. Por lo tanto es fácil hacerse a la idea de la importancia de Kūkai en el mundo budista.

Kūkai y la escritura

La otra faceta donde destaca especialmente es en el campo de la escritura. Compuso gran cantidad de textos, siendo considerado uno de los tres mejores calígrafos de Japón. Varias de sus obras se conservan hoy en día, y son considerados Tesoros Nacionales de Japón. Su pasión por los libros le llevó a introducir desde China un método de encuadernación inédito en Japón, el decchoso. Método con el que hasta la fecha siempre han sido encuadernados todos los textos budistas Shingon.

Porción del Sanjūjō Sasshi, obra cumbre de Kūkai
Porción del Sanjūjō Sasshi, obra cumbre de Kūkai
Danjogaran, en el centro del monte Kōya
Danjogaran, en el centro del monte Kōya
Estatua de Kūkai en Zentsūji
Estatua de Kūkai en Zentsūji

Su amor por las letras y el lenguaje va mucho más allá de la composición de textos. Y es que se le atribuye la invención de los kana, las escrituras silábicas del japonés. Siempre consideró que el japonés debería ser escrito con un alfabeto fonético y no con los ideogramas chinos.

Peregrinación

Kūkai fundó y apoyó multitud de templos a lo largo de Japón. Sin embargo, estos destacan especialmente en Shikoku, su isla natal. A lo largo de su vida visitó allí varios templos y ayudó a erigir muchos otros. También es conocido que en muchos lugares de Shikoku realizó varios rituales. Es por todo esto, por lo que con el tiempo fue establecido un peregrinaje en Shikoku, el Shikoku henro. Dado que en España tenemos también un magnífico peregrinaje, el Camino de Santiago, me gustaría escribir en el futuro una entrada sobre ello.

Está claro que la vida y milagros de Kūkai es impresionante. Escritor de tesoros nacionales, creador del kana, arquitecto y constructor, fundador de una escuela budista y motivo de un famoso peregrinaje de Japón. Creo firmemente que son muchos motivos para considerarlo muy cool. Pienso que el Japón actual no sería lo mismo sin él, sin uno de los padres de la cultura japonesa, ¿qué opináis?


Fuentes:

Bio del autor

Miguel Serrano

Soy Licenciado en Antropología y me especialicé en antropología de Japón, al margen de ello soy un gran apasionado de la cultura japonesa en general. Mi especialidad académica es la sociedad japonesa, centrándome en la identidad nacional, la cultura popular y las minorías étnicas en Japón. También soy un apasionado de su historia, en especial la del Período Edo.

  • Paqui González

    Miguel, has tenido una idea magnífica dándo a conocer a alguien tan “cool” como Kûkai, imprescindible en la historia de Japón, como bien dices.
    Muy bien tu explicación de lo que es una secta budista, que aclara un concepto que asumimos como peyorativo.
    Debo reconocer una cierta pasión por este personaje al que te vas “encontrando” cuando viajas a Japón, por lo que te agradezco tu interés por difundir su conocimiento e importancia.
    Una vida apasionante llena de logros que han llegado hasta nuestros dias.
    Muchas gracias.

    • Miguel Serrano

      Muchas gracias, Paqui. la verdad que a mí siempre me ha fascinado Kūkai, y como bien dices es un personaje que te vas encontrando por Japón.
      Lo de señalar el sentido de secta me parece muy conveniente, es verdad que cuando se habla de escuela budista siempre se usa esa palabra y si no estás habituado a ello rápidamente lo asocias al concepto que tenemos aquí en occidente.