Publicación «La estampa japonesa» de Frank Lloyd Wright

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PORTADA LLOYD

La editorial Sans Soleil ha incluido recientemente en su catálogo: «La estampa japonesa» de Frank Lloyd Wright (1867-1959). Obra que le debemos a un afamado arquitecto estadounidense, conocido principalmente por su trabajo con la residencia Kaufmann, más popularmente conocida como «la casa de la cascada», que contaba con un interés especialmente profundo por la estética japonesa, el cual muchos quizás desconocían hasta el momento.

El japonismo de Frank Lloyd Wright

El libro presenta inicialmente una introducción de V. David Almazán Tomás, profesor de Arte Japonés del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, donde nos explica la influencia del animismo japonés o la naturaleza en los diseños del arquitecto norteamericano. La inspiración oriental de éste comenzaría en 1885, al trabajar con Joseph Lyman Silsbee, coleccionista de arte japonés. Éste le daría a Wright los contactos necesarios para asistir a la exposición de Hokusai del Museo de Bellas Artes de de Bostón, junto a la Exposición Universal de Chicago (con obras de Hokusai e Hiroshige).

Además, con la publicación de «El libro del té», de Okakura Kakuzō (1906), se consolidó la fascinación del arquitecto por Japón. Este interés le llevaría incluso a emprender un viaje a Japón, donde desembarcaría en Yokohama, realizando una ruta por Tokio, Nagoya, Kioto, Kobe, Nara y Osaka; la cual sirvió al arquitecto para aportar una nueva perspectiva, notablemente dominada por un naturalismo propio de los exteriores y jardines japoneses.

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La arquitectura de F. L. Wright y «La estampa japonesa» (1912)

Frank Lloyd Wright se convertiría en un coleccionista empedernido de estampas japonesas, llegando al punto de publicar el libro The japanese print: An interpretation» (La estampa japonesa: Una interpretación) en 1912. Una obra cuya portada original resultaba atractiva para los japonófilos del momento, por la utilización de dos emblemas mon (紋) en su esquina derecha. Un ensayo que, como bien indica el profesor David Almazán, cuenta con una visión idealizada y orientalista de la estética japonesa. Es decir, marcadamente platónica y definida por un fuerte japonismo.

No existe un componente académico en su obra, pues no aparecen mencionados historiadores o sociólogos asiáticos, mas unos pocos europeos que compartían esa ineludible pasión por Japón. No obstante, no por ello resulta una obra desaplacible, todo lo contrario. Las observaciones personales de Wright pueden aportar una valiosa información a los estudios de aquella época, centrados en esa recién reapertura de Japón a Occidente, entre la Restauración Meiji y la Era Taishō (1868-1926); más concretamente enfocados al mundo burgués europeo y norteamericano embriagado por ese incipiente japonismo de finales de siglo XIX. Además, las anotaciones a pie de página, junto a las citas bibliográficas aportados por la editorial, hacen a esta obra una magnífica pieza para completar nuestro catálogo.

En general, Sans Soleil Editorial presenta «La estampa japonesa» como una obra breve con ilustraciones y fotografías, en blanco y negro, y con unas 104 páginas (con un coste de 15€). El resultado final se lo agradecemos al profesor David Almazán Tomás, por su introducción al arquitecto, así como al traductor Ander Gondra Aguirre, por traernos la obra de Frank Lloyd Wright al español. Además, en esta área la editorial tiene una cierta experiencia, debido a publicaciones anteriores como: «Manual de Libro Abreviado de Dibujo» o «Cien Vistas del Monte Fuji», ambas de Katsushika Hokusai, que quizás también sea de vuestro interés.


Fuentes:

  • Texto creado por ESTELLA RAMÍREZ MARTÍNEZ [ CoolJapan.es ]
  • Imágenes extraídas de: ESTELLA RAMÍREZ MARTÍNEZ [ CoolJapan.es ] y Sans Soleil Ediciones [ SansSoleil.es ]
Bio del autor

Estel.la Ramirez Martinez

Graduada en Historia (UA). Máster de Estudios en Asia Oriental (USAL). Cinéfila a ratos, entusiasta del manga y el anime, amante de buen misterio, y siempre formándome en las diferentes culturas asiáticas. La buena cocina oriental y el turismo regional, mis mayores y más placenteros pecados.