La princesa Mononoke, fantasía en la epopeya de Miyazaki

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La princesa mononoke

La película de animación La princesa Mononoke atrapa al espectador desde el inicio. La cita de apertura: «Hace mucho tiempo la tierra estaba cubierta de bosques en los que vivían dioses ancestrales», actúa de marco referencial. La información más importante es que desde ahora se halla en un mundo en el que los bosques son inmensos y los dioses moran en ellos, y al fin y al cabo es el leitmotiv de este largometraje.

Fantasia en La princesa Mononoke

La creación de un espacio imaginario es una de las características más llamativas del anime. Y el largometraje de Hayao Miyazaki, La princesa Mononoke, cumple esta premisa a la perfección. Tras el breve párrafo que he reproducido anteriormente, la niebla enturbia el fotograma confiriéndole al espacio boscoso un aspecto onírico. Esto sirve para marcar la transición de la realidad a la ficción, es este momento en que el espectador es transportado de la sala de cine al mundo fantástico creado por la imaginación de Miyazaki.

Desde el inicio de esta escena la atención del espectador se centra en lo misterioso, lo mítico, un extraño ser del que se adelanta un detalle. Acto seguido un joven a lomos de un reno continúa atrapando la atención de un público, que sufre una inmersión en un mundo ficticio, en el que los dioses y los demonios campan libremente por el mundo. Y es precisamente el joven jinete de tan extraña montura quien conduce al espectador en este viaje fantástico. Pues como el público mismo, este joven que también es príncipe, se adentra en un mundo desconocido que debe observar sin odio en su corazón.

La princesa Mononoke y la cultura de Japón

Por norma general, los largometrajes de anime no presentan una idea muy precisa de la cultura japonesa. Elementos de la misma se encuentran dispersos por doquier esperando que el ojo del experto los encuentre y los clasifique. En el caso de La princesa Mononoke satura la narración. Alusiones a una tribu antigua que ocupó el territorio japonés (emishi), multitud de divinidades que habitan en los bosques (algo muy japonés y vinculado a la religión autóctona, el sintoísmo), los célebres samuráis y toda una algarabía de folclore en forma de ropa, maneras y ritos. Sin embargo, la entrada a este mundo ha sido lo general (la tierra) y para el espectador medio no le será muy difícil atribuir todo lo que no comprenda al terreno de lo ficticio, de la imaginación. En definitiva, integra los elementos que no entiende a la narración como si fueran una misma cosa y no tuviera relación alguna con particularidades locales, creando o re-creando ese mundo aparte del anime.

Sin embargo, no se debe olvidar la existencia de un público especializado, denominado popularmente otaku (palabra de origen japonés que sirve para designar a los aficionados a la cultura del anime), que ha sido conquistado por la cultura japonesa y está ávido de cualquier elemento que se pueda asociar a la cultura que tanto admira. Un ejemplo de este afán de conocimiento son los subtítulos creados por estas comunidades de fans, que incluyen notas aclaratorias sobre aspectos concretos relativos a la cultura japonesa.

Influencias occidentales de Mononoke Hime

Pese a todo, lo japonés no es lo único que se puede encontrar en el anime. Pues las influencias occidentales a las que se ve sometido Japón desde la segunda mitad del siglo XIX acabaron por afectar la visión del mundo de los japoneses. Y es algo a lo que el anime no es ajeno. En ámbitos especializados se suele considerar que esta hibridación es una de las causas de su éxito. Una hibridación que crea un producto sin identidad cultural definida, que no se corresponde exactamente ni con Japón ni con Occidente.

Otra entrada de nuestro compañero Antonio Míguez sobre La princesa Mononoke: LEPRA EN MONONOKE HIME: VERDADES Y MENTIRAS

En el caso que nos ocupa la visión occidental de la realidad, concretamente el discurso racionalista que comienza aproximadamente en el siglo XVIII con la Ilustración, se contrapone a la armonía con la naturaleza propia de las culturas orientales. Por un lado, la civilización que ha perdido el respeto por la naturaleza y lo sagrado, que apoyado en la nueva religión de la ciencia se muestra irreverente, erigiéndose como amo y señor de la creación. Por el otro, los espíritus de las montañas que ayudados por una joven pretenden detener el avance de esa máquina industrial y urbana que utiliza los recursos naturales sin freno alguno. Y en medio de todo esto, un joven maldito (el espectador) que se encuentra en medio de una lucha que no acaba de entender muy bien, pero que sabe que debe detener por el bien de todos.

Concluyendo con Mononoke Hime

Finalmente, esta dicotomía Occidente-Oriente o armonía-dominio se resuelve de forma beneficiosa para todos. Esto es lo que hace el anime. Aunar elementos de ambas culturas en un único producto de manera armoniosa. De esta manera, le sustraen todo aquello que pueda vincularse a una identidad nacional y crean un espacio único, en el que el espectador es libre de tomar los elementos que desea para su goce. Así, el espectador es obligado a explorar su propia identidad a la luz de la nueva realidad que se le presenta y que se revela como subversiva de todo aquello a lo que está acostumbrado.


Fuentes:

Bio del autor

Antonio Blat

Licenciado en Historia por la Universidad de Valencia (2013), durante este periodo disfruta de una beca que le permite estudiar en la Universidad de Waseda (2012-2013). Al volver de Japón, cursa el Máster Universitario en Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo en la Universitat Oberta de Catalunya (2015). En la actualidad es doctorando en el departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Valencia y miembro de GEINTEA (Grupo de Estudios: Interacciones Asia-Europa de la Universidad Complutense de Madrid).