La voz de Esther Andreu, becaria del gobierno japonés en 2016

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Esther Andreu.

Hay varias maneras de vivir en Japón. Conseguir una beca es una opción para los estudiantes y los investigadores. La beca del Gobierno de Japón, conocida como la beca Monbukagakushō (el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología), resulta tan atractiva como difícil de conseguir debido al aumento de la competitividad, la tendencia actual de los últimos años (a parte del contenido del plan que entregan los candidatos) y que la gente del campo humanitario necesita cada vez más un buen nivel del idioma japonés a la hora de solicitarla.

Hoy vamos a presentaros a nueva becada que a duras penas ha logrado obtener esa beca y que a partir de este abril, en el comienzo de nuevo año escolar de Japón, va a vivir en Kioto. Esa joven valenciana con buen porvenir se llama Esther Andreu Martínez. Tras concluir la carrera de Filología Hispánica en la Universidad de Valencia, estudió un Máster Científico en Traducción Creativa y Humanística en el mismo instituto académico. Su trayectoria ya ha aparecido en varios periódicos importantes como La Vanguardia y Levante.

Esther va a investigar sobre Juza Unno (海野十三), conocido como uno de los pioneros de la ciencia-ficción en Japón, que ha sido un escritor bastante desconocido tanto a nivel nacional como internacional. No obstante, Juza Unno es una persona que merece la pena de ser investigada. Fue un escritor con varios seudónimos, usaba uno distinto según el género que publicaba. Shōkichi Sano, verdadero nombre de este padre de la ciencia-ficción, vino al mundo en 1897. Aprovechando el conocimiento que obtuvo como licenciado de Ingeniera Eléctrica en la Universidad de Waseda, publicó unos libros sobre el cálculo e instrucción de la electricidad con su nombre de nacimiento. A parte de ser novelista, dibujó manga, escribió poesía japonesa como haiku y también senryū.

Ahora bien, dado que aquí tenemos a Esther, le preguntamos directamente sobre su pasión por la ciencia-ficción y su vida.

Entrevista a Esther Andreu Martínez

Esther Andreu con ekiben.
Esther Andreu con ekiben.

Cool Japán: ¿Cómo te interesaste por el género de la ciencia-ficción?

Esther Andreu: Pues en algún momento, hace un par de años, algo me hizo clic en la cabeza y de pronto me pareció obvio que la ciencia-ficción ofrecía mucho. Recuerdo que una de las cosas que hice fue empezar a ver Star Trek, la serie original. Teniendo presente la situación de los Estados Unidos de la época, Star Trek es mucho más que naves y aliens. Quien más y quien menos habrá oído alguna vez de la importancia del papel de Nichelle Nichols como la teniente Uhura. Era una mujer negra interpretando un papel principal en una serie sobre la conquista espacial, significaba la asunción implícita de que también la mujer podía entrar en la carrera espacial y que esta era una empresa humana en la que estaban implicadas todas las razas. Hasta entonces no es que no me gustara, pero lo veía más como cositas concretas, digamos que no tenía un interés por la ciencia-ficción en su conjunto. Me pareció que eran muy interesantes las posibilidades que abría el género a plantearse cuestiones como qué es exactamente el ser humano, de qué modo construimos la humanidad frente al otro, nuestra relación con la naturaleza… Aunque he de decir que las obras de entretenimiento del género también me gustan mucho, no creo que sea necesario que siempre se traten temas trascendentales, hay un momento para todo.

CJ: En cuanto a la ciencia-ficción, hay novelas en las que no aparecen ni naves espaciales ni extraterrestres. Además, algunas tienen elementos de fantasía, terror o misterio. De hecho, parece difícil definir ese género. Según Vladímir Nabókov, el escritor ruso conocido por Lolita, incluso La Tempestad de Shakespeare puede categorizarse como ciencia-ficción.

EA: Sí, bueno, el mundo de las definiciones de la ciencia-ficción es inconmensurable. Es cierto que, a diferencia de lo que parece pensarse, no en todas las obras hay naves espaciales y aliens. De hecho, no hay nada de eso en clásicos como El hombre del castillo, por ejemplo, o Flores para Algernon (de la que, por cierto, hicieron una nueva adaptación televisiva el año pasado protagonizada por Yamapi).

CJ: Respecto a la iluminación que sentiste con el género, ¿qué esperas encontrar en él?

EA: No creo que espere nada muy concreto. Supongo que espero seguir encontrando planteamientos interesantes, mundos e historias que me hagan replantearme mi propia posición en el mundo.

CJ: Por otro lado, escogiste a un escritor muy curioso vinculado a la guerra. Dejó un diario sobre la pérdida de la guerra desde el punto de vista científico. Y publicó un relato en 1933 con el que se podía prever el bombardeo de Tokio de 1944 a 1945. Desde luego, dejó obras con temas muy de ciencia-ficción como naves espaciales, el hombre invisible, invasión por extraterrestres, androides, un futuro lejano, etc. ¿Qué tema te interesa más en ese género?

EA: También dejó apuntes sobre sus relatos, cosa que me parece muy interesante. En cuanto a la temática, la verdad es que no tengo preferencias.

CJ: Espero que en un futuro nos cuentes qué era la guerra para el autor y por qué le atraía el mundo bélico. Si pensamos en algunos cuentos anónimos japoneses que se escribieron hace más de mil años, como El cuento del cortador bambú, cuyo personaje pertenecía a la luna, y Taro Urashima, que viajó en el tiempo, quizá se puedan clasificar también como ciencia-ficción. La historia de ese género en Japón es bastante larga, casi se podría decir que es algo tradicional. Sin embargo, pese a la existencia de escritores de ciencia-ficción en Japón, estos no se conocen internacionalmente a excepción de Kōbō Abe, Yasutaka Tsutsui y poco más. Además, los autores que nacieron antes de la guerra son casi totalmente desconocidos.

EA: Es cierto que los escritores de ciencia-ficción no se conocen, de ahí nace un poco mi proyecto: intentar abrir la literatura de ciencia-ficción al público hispanohablante. Pero Japón ha sido una influencia importante en cine, por ejemplo. Y la ciencia-ficción dentro del manga y el anime también se conoce bastante bien.

CJ: ¿Cómo encontraste a Juza Unno? ¿Qué te atrajo de él?

EA: Pues en realidad fue una sugerencia de Maki, mi profesora particular de japonés y amiga. Cuando empecé a plantearme solicitar la beca lo hablé mucho con ella, le planteé las ideas que tenía y ella me aconsejó y me sugirió algunos autores dentro de las coordenadas en las que quería moverme. Uno de ellos fue Juza Unno. Me lo sugirió porque sabía que me interesaba la ciencia-ficción y Japón a principios de siglo XX, y acertó. Investigué todas las sugerencias que me hizo, pero Juza Unno me pareció la opción más interesante. Me decidí después de leer sobre él y toparme con la inscripción del monumento que hay en su honor en Tokushima. No recuerdo qué decía exactamente, pero hablaba sobre la fascinación y el terror que siente el ser humano hacia la ciencia y me llamó la atención. Su papel en la fundación del género y el hecho de que no estuviera traducido también jugaron a su favor.

CJ: ¿Cuándo y cómo te interesó Japón?

EA: Pues que yo recuerdé Japón siempre me ha interesado. Mi primer contacto, como el de mucha gente de mi generación, supongo, fue el anime, desde muy pequeñita. Muchas generaciones nos criamos viendo anime y creo que este ha acercado Japón al público internacional de una forma bastante interesante. Pero bueno, el interés serio vino con la adolescencia. Me llamaba mucho la atención la cultura japonesa y fue la época en que mis padres pusieron Internet, con lo que de pronto tuve acceso fácil a un montón de información. Leía sobre todo artículos sobre historia de Japón, especialmente medieval, porque me fascinaban los samuráis. En esa época fue cuando mi hermano llegó con los primeros tomos de Rurouni Kenshin y me enseñó Neon Genesis Evangelion y retomé el interés por el anime y el manga como algo más allá de las cositas que echaban en la tele, lo cual no hizo más que incrementar mi interés por Japón. Kenshin, por ejemplo, despertó mi curiosidad por el Bakumatsu (a finales del Shogunato Tokunaga del periodo Edo) y todo el impacto social de la apertura del país.

El hecho de que mi hermano y yo compartiéramos aficiones fue también importante porque digamos que nos retroalimentábamos. Pronto empezamos a ver las cosas en versión original subtitulada, a escuchar las canciones de los animes de normal e intentar conocer más música japonesa, empezamos a estudiar japonés… Y hasta hoy. Empezar a estudiar japonés fue vital, como pasar de intentar conocer Japón desde fuera a querer conocerlo desde dentro; pasar de la imagen idealizada de Japón a intentar comprenderlo en su complejidad y en sus contradicciones. No sé si me explico. Lo siento, me he enrollado demasiado. La verdad, nunca sé qué contestar cuando me preguntan cómo me empezó a interesar Japón o por qué me gusta. Es algo que me ha acompañado siempre, por decirlo así, y que no ha menguado ni un ápice con los años, más bien lo contrario.

CJ: Y para finalizar, ¿puedes dar un mensaje a los futuros aspirantes de la beca del gobierno Japón?

EA: Creo que les diría que no se dejen abrumar por el papeleo. No, en serio, id a por todas. Poned todas las ganas y toda la ilusión que tengáis, porque creo que eso se nota. Y, si puede ser, preparadlo con tiempo (para que no andéis estresados a última hora como yo).

***

Kioto es una ciudad ideal para pasar un periodo académico. Está llena de patrimonios culturales y generalmente la gente respeta la tradición: algunos se adaptan a la era moderna y otros procuran conservar la antigua. De esta manera ha nacido la cultura de Kioto, muy conservadora, y al mismo tiempo siempre fresca. Es un lugar muy atractivo. En el mundo, en general, la gente suele tener prejuicios. Aunque pensemos que no somos una representación típica de una nacionalidad, si vas a un lugar de otra cultura, la gente crea una imagen de tu nacionalidad a través de ti, de modo que, sin querer, podemos ser embajadores o representantes de nuestro lugar de origen.

De hecho, yo conozco a Esther desde 2012. Ha sido mi alumna en clase de japonés. Es una chica encantadora con perseverancia, inteligencia y personalidad. Seguramente, con su personalidad y su manera de ser, le van a recibir con los abrazos abiertos. Deseo que todo le vaya bien.

Esther Andreu Martínez llegará a Kioto durante la época de la floración de cerezos. No hay otro momento más adecuado para empezar una vida nueva, ¿verdad?


Fuentes:

  •  Texto creado por Lisa Kobayashi [CoolJapan.es]
Bio del autor

Lisa Kobayashi

Profesora de japonés, traductora, ensayista, articulista y prologuista de obras literarias. Nacida en Iwate, en el norte de Japón, tras vivir en Kioto, Yokohama, Tokio y Hong Kong, llegó a España a finales de 2008. Se declara apasionada del baile español y del flamenco.