Shohei Otomo: la fuerza desgarradora de Japón

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La ilustración en Occidente se ha venido considerando un arte menor, no siendo de este modo en Extremo Oriente. Por ello, desde la antigüedad podemos encontrar obras que seducen a la par que emocionan, e incluso hoy día podemos descubrir distintos autores que siguen trabajando y creando nuevas obras que siguen despertándonos admiración.

Quizás sea por ser una de las grandes potencias mundiales a nivel tecnológico, lo cual impulsa enormemente el consumo; o tal vez sea por la enorme tradición con respecto a la ilustración que guarda la nación nipona desde antaño. No se sabe con exactitud el motivo, pero lo cierto es que Japón aún hoy día es uno de los pilares principales en el mundo de la ilustración.

Esto hace que existan multitud de referencias de artistas que trabajan creando obras con mucha fuerza y expresión. De entre ellos, en la actualidad cada vez suena más y más fuerte un nombre: Shohei Otomo, al que hoy dedicamos esta entrada. Para quien no lo conozca, Lisa Kobayashi hizo una muy completa entrada sobre este autor hace unos meses.

Shohei Otomo, el hijo de Katsuhiro Otomo

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Este ilustrador de tan solo treinta y cinco años, juega con la iconografía clásica y los toques más vanguardistas para crear ilustraciones únicas, como en el ejemplo anterior, donde es capaz de resumir la influencia occidental que se ha mezclado en el archipiélago en las últimas décadas. En este caso, puede apreciarse la aparición de símbolos como el crisantemo, la flor que forma parte del emblema de la nación; o el origami, arte creado en Cipango.

En otras ocasiones, es capaz de jugar con personajes que ya hoy día se consideran un elemento clásico y esencial para la cultura nipona, como pueden ser samuráis y geishas, tiene una clara influencia underground muy provocadora, donde la violencia y el sexo están a la orden del día.

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El secreto de su éxito probablemente sea la propia esencia del Japón actual, y es que la tradición y la modernidad conviven en armonía en sus creaciones. Además, la sencillez y la elegancia propias de las composiciones orientales están inmersas en sus obras, incluso en las más abarrotadas y complejas. No podemos sino asombrarnos al descubrir lo que alguien con dedicación y trabajo puede conseguir con un simple bolígrafo y un papel.

La delicadeza y sutileza del entramado de líneas otorgan un acabado aterciopelado a la piel. Esto contrasta con la fuerza de sus contornos, las atrevidas poses con las que sus figuras cobran forma, y las llamativas y desgarradoras expresiones que logra dibujo a dibujo.

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En este sentido, sus obras se convierten en apasionantes visiones de la sociedad contemporánea japonesa. Para entenderlas, hay que comprender la esencia de la cultura nipona actual. Durante siglos, Iappoes ha permanecido congelado en una burbuja, la cual explotó con la llegada de la contemporaneidad. Las reformas de la Era Meiji, y la posterior invasión americana de las islas fueron dos hechos determinantes en la conformación actual de la mentalidad colectiva japonesa.

Y es que, lo que Europa evolucionó a nivel industrial, y por supuesto, social, en varios siglos, fue realizado por Japón en apenas unas décadas. Además, la enorme pérdida sufrida al término de la Segunda Guerra Mundial, puso la atención de los japoneses en el exterior, evolucionando en poco tiempo con la mirada hacia Occidente.

Debido a esto, hoy día tradición y modernidad conviven de manera sincrética en el archipiélago. Así, contrastan templos y procesiones sintoístas y budistas con los iconos pop o las obras de manga y anime más actuales. Esto es plasmado por Shohei Otomo en sus obras, conviviendo por ejemplo la tradición de la mujer japonesa, su porte, y su vestimenta, con otros elementos de corte consumista, actual e influenciado por Estados Unidos, como por ejemplo unos auriculares o unas gafas.

Los toques de violencia y sexo de la mayoría de sus creaciones denotan una respuesta de rebeldía ante el tabú de lo que había sido la sociedad nipona en la antigüedad, esa sociedad jerarquizada hasta el extremo. Al mismo tiempo, se convierte en reflejo de lo que es la Tokio actual, cuna del consumo, donde la vacuidad de valores hace aflorar los instintos primarios, como es el caso de la ira.

Por todo ello, Shohei Otomo se convierte en una de las figuras más relevantes de la ilustración japonesa contemporánea, ya que sabe plasmar la idiosincrasia que actualmente vive Japón, al poner de actualidad la tradición nipona a través de una visión única y diferente.

Además, y ya entrando en una valoración más personal, Shohei Otomo puede considerarse en cierta medida un conservador. Al igual que otros autores han hecho, como por ejemplo Duchamp —al descontextualizar objetos cotidianos, los «Ready Made», les otorgaba un nuevo sentido, los convertía en arte— o Arcimboldo —quien extraía elementos propios de la naturaleza, formando nuevas figuras en sus pinturas, como sucedió con «Las cuatro estaciones»—, este ilustrador japonés rescata de las corrientes del tiempo elementos iconográficos propios de su cultura, y los actualiza con el filtro propio de su época.

En resumen, este artista aúna la esencia japonesa, dándole un toque de modernidad. Logra pues, verdaderas obras de arte tan solo con un simple bolígrafo, lo que hace aún más loable su proeza. Es sin duda uno de los referentes de la visión actual que tenemos de Japón hoy día, primando a la par la fuerza de los instintos, y la belleza compositiva que tiene.


Fuentes

  • Textos consultados de: Cristian Campos (2010)La Nueva ola de ilustraciones japonesas” Norma editorial, Barcelona.

  • Imagen extraída de: www.enkil.org y www.designboom.com

Bio del autor

Macarena Torralba

Licenciada en Bellas Artes en la U. de Sevilla, actualmente es doctorando en la misma universidad. Estudiante de diseño y apasionada por el arte y la cultura nipona.