Vampirismo europeo en Japón: El lago de Drácula.

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A principios de 70´s el cine de terror occidental ya había calado hondo en el ocio japonés. La principal culpable del fenómeno sería la mítica productora “Hammer” que, con su reescritura de Drácula (Terence Fisher, 1958),  inauguró casi sin quererlo un subgénero de terror que yo mismo convengo en llamar G-Horror — Gaijin Horror—. Por consiguiente, llamemos así a toda narrativa de terror japonesa despojada del folclorismo propio, y que explote los tópicos visuales o mitológicos de las viejas leyendas occidentales —Drácula, Frankenstein, hombres lobo, zombies, casas encantadas… —. De entre toda la retahíla de films deudores del terror gótico europeo algunos llegaron a alcanzar un gran valor artístico como Hausu (Nobuhiko Obayashi, 1977), aunque hablemos en lo general de muestras cinematográficas menores y cercanas en presupuesto a la serie B.

DRÁCULA Y EL VAMPIRISMO EN EL G-HORROR

Si hubo alguna “Major” interesada en esta industria fue Toho, que encargó al director Michio Yamamoto que rodara una trilogía basada en el mito de “los chupasangre”. La primera de ellas sería Yûrei yashiki no kyôfu: Chi wo sû ningyô (Vampire Doll, 1970), donde todavía el vampiro no había terminado de desprenderse de la influencia visual fantasmal tan común en las islas. En ella, un doctor indaga en los asesinatos de varias mujeres sucedidos en una localidad lacunífera. Su investigación apunta a que una vampira es la responsable de las muertes.

Habríamos de esperar un año para disfrutar del primer vampiro canónico del cine japonés en El lago de Drácula (Noroi no yakata: Chi o sû me, 1971), con el actor Midori Fujita actuando como trasunto asiático de Christopher Lee. El film se abre con una niña que tras perseguir a su perro descubre una extraña mansión. Una vez dentro pudo ver el cadáver de una mujer joven con dos orificios en el cuello junto a un hombre adulto con colmillos pronunciados y restos de sangre en la boca. La escena se traslada unos años después, con la protagonista, Akiko, adulta y viviendo con su hermana en una casa a orillas de un lago. El encuentro que vimos al comienzo de la cinta siempre fue considerado un sueño por los padres de la muchacha, y, de hecho, Akiko también acabó por creer que nunca ocurrió en realidad. Pero de pronto, comienzan a sucederse una serie de extraños asesinatos…lakeofdracula3

En realidad, estamos ante una producción muy mediocre que solo aporta el hallazgo de un vampiro canónico de etnia japonesa. Ahora bien, no deja de resultar fascinante cómo se niponiza fielmentente el mito, incluyendo clichés por todos conocidos como por ejemplo la capa y los colmillos, la facultad de crear esclavos ghouls o el punto débil de la estaca en el corazón.

La pregunta clave sería… ¿Si hablamos de un vampiro llamado Drácula cómo puede ser de origen nipón? Los guionistas Ei Ogawa y Masaru Takesue pensaron que la sangre tártara de Vlad Dracul fue extendiéndose por Asia hasta que llegó al país de los kami y los budas. Más allá de que pueda resultar creíble, cómico o hilarante, lo cierto es que El Lago de Drácula será un entretenimiento apreciable para los amantes del cine underground, el terror de bajo coste, y sobre todo, del mito de Bram Stoker, tan vivo que es capaz de conquistar cualquier tipo de industria por específica que fuere. 

 


Fuentes:

  • Texto creado por Antonio Míguez [CoolJapan.es]
  • Imágenes tomadas de: filmaffinity

 

Bio del autor

Antonio Míguez

Antonio Míguez Santa Cruz, profesor colaborador honorario de la Universidad de Córdoba y miembro del Grupo de investigación de Frontera Global de la Universidad de Alcalá. Sus líneas de investigación giran en torno al contacto entre ibéricos y japoneses durante los siglos XVI y XVII, así como sobre el Cine fantástico japonés. Ha sido autor de varios artículos de revistas científicas y episodios de libro, además de organizar congresos y seminarios de temática japonesa.