Yasukuni Jinja: una maravilla entre la memoria y la polémica

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portada Yasukuni

El santuario de Yasukuni (Yasukuni jinja) ubicado en Tōkyō (3-1-1 Kudanshita, Chiyoda-ku) en las cercanías del Palacio Imperial, es tristemente conocido por muchos por la mediatización política que lo rodea en relación con su vinculación con los «criminales de guerra» que combatieron en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, descubriremos que su historia se remonta mucho más atrás, que su arquitectura merece que nos detengamos a admirarla y que lleva a cabo una importante labor de difusión de la cultura y la historia.

En 1869, un año más tarde del fin del Periodo Edo e inicio de la Era Meiji, el Emperador quiso honrar a los caídos por la  causa imperial durante las Guerras Boshin (1868), extendiéndose más tarde al resto de combatientes que lucharon para derrocar al Bakufu Tokugawa, contando entre ellos a varios personajes famosos hoy venerados en este santuario, tales como Sakamoto Ryōma, Takechi Hanpeita, Yoshida Shōin o Takasugi Shinsaku. De entre los combatientes proimperiales quedaron excluidos de veneración aquellos como Saigō Takamori, que pese a luchar por el Emperador, se rebelaron contra el Gobierno Meiji una vez iniciada la nueva era. En este primer momento, el santuario se llamaba Tōkyō Shōkonsha, aunque diez años más tarde pasó a tener su nombre actual, extraído de un texto clásico chino del siglo IV (Zang Zhou). El nombre Yasukuni hace referencia a la acción de «pacificar una nación», otorgando un claro sentido militar a este jinja. En el momento del cambio de nombre, entre 1877-78, el santuario contaba ya con casi 7000 nombres de combatientes, venerados como kami.

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En 1887 el Ministerio de Defensa japonés asumió el control de los combatientes que iban a ser venerados en el santuario de Yasukuni. Entre 1894-95 se libró la Primera Guerra Sino-Japonesa entre la Dinastía Qing por el control de Corea como «estado vasallo» y la posesión de Taiwan. La Era Meiji veía su fin cuando, entre 1904-05 se libró la Guerra Ruso-Japonesa entre la Rusia Imperial y el reciente Imperio Japonés, combatiendo por la supremacía en el Mar Amarillo, en la península de Corea y Manchuria. Pese a que Japón salió victorioso de ambas contiendas, extendiendo su dominio por Asia, estas guerras generaron muchos soldados muertos en combate susceptibles de engrosar las filas de los venerados en Yasukuni.

La Segunda Guerra Sino-Japonesa y la Segunda Guerra Mundial, con el expansionismo japonés por el Sudeste asiático y el Pacífico, supuso un punto de inflexión en los «admitidos» a veneración en el santuario. Uno de los motivos del aumento sustancial de las «almas» de Yasukuni fue el inicio de la campaña de los escuadrones tokkōtai o más popularmente conocidos como kamikaze. A todos aquellos que mediante diferentes medios: aviones, bombas ōhka, lanchas shinyō…daban su vida por su país mediante acciones suicida, se les prometía que sus espíritus vivirían la gloria y eternidad de la veneración en el santuario de Tōkyō. De hecho, una de las frases más repetidas entre los escuadrones suicidas al partir hacia la fatal misión era «Nos veremos en Yasukuni».

Caza Zero - Yushukan

Cualquiera que haya visitado Yasukuni jinja recordará un elemento decorativo que se repite en numerosas ocasiones: el crisantemo imperial de 16 pétalos. La tradición vinculada al ejército, y esta veneración suprema de la figura imperial, hicieron que al término de la Segunda Guerra Mundial (1945) los EE. UU. se plantearan incendiar y demoler el santuario a fin de minar la veneración imperialista así como la moral del Imperio derrotado. Entre las opciones que se barajaban, estaba la de construir un canódromo en el lugar donde se erguía el complejo histórico. Sin embargo, acabaron cayendo en la cuenta que la veneración del «soldado caído» es algo que todas las naciones, y especialmente Estados Unidos, comparte, por lo que decidieron no tocar Yasukuni jinja.

Finalizada ya toda contienda, entre 1959 y 1978 el santuario de Yasukuni siguió aumentando sus filas de soldados venerados, caídos durante operaciones de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo no solo a combatientes, sino también a políticos, estrategas e ingenieros, muchos de ellos declarados «criminales de guerra». En ocasiones estas «divinizaciones» corrían por parte del sacerdocio del santuario, en otras eran impuestas por el poder político gobernante en cada momento. En 1975 el Emperador Shōwa visitó de manera oficial Yasukuni jinja, un acto que fue duramente criticado tanto por algunos países occidentales como por las facciones de la izquierda japonesa. Esto llevó a que desde entonces ningún otro soberano japonés haya visitado este jinja.

Crisantemo Imperial de Yasukuni Jinja

En 1979 los medios de información hicieron públicos los datos de que, entre los casi dos millones y medio de personas veneradas en Yasukuni jinja, existían algo más de 1.000 «criminales de guerra», entre los cuales había 14 personas condenadas por crímenes tales como genocidio y tortura. Debido a que muchas de estas viles acciones fueron llevadas a cabo en territorio chino y coreano, la polémica política estaba servida. Desde este momento tanto los gobiernos de diversas naciones, especialmente China, demanda a Japón la exclusión de las «almas» condenadas por tribunales militares y civiles. Este hecho afecta anualmente a las tensiones geopolíticas entre Japón y China, sin embargo, ninguna nación esta dispuesta a ceder su postura.

Debido a que el Emperador «no debe» visitar el templo, es habitual que aquellos quienes gobiernan el país en su nombre, políticos y entre ellos el Primer Ministro, realicen las pertinentes ofrendas en honor de los caídos por la nación japonesa. El principal rezo ante los santuarios en Japón se lleva a cabo los primeros días de enero, es el llamado hatsumode, o primer rezo del año. Con cada nuevo gobierno, y cada año, la polémica está servida al ver si el Primer Ministro acude o no a rezar al Santuario de Yasukuni. Desde China, cada año «piden» que este acto no se lleve a cabo, y para evitar forzar las tensiones políticas, el gobierno de Japón suele optar por una opción intermedia: el hatsumode oficial del Primer Ministro lo lleva a cabo en cualquier otro santuario (generalmente Ise, por ser el más importante de Japón) y más tarde «a título personal» hace una visita a Yasukuni jinja. Sin embargo, también se han dado casos en que los primeros rezos del año, de manera oficial, han sido realizados en Yasukuni, con su posterior crítica internacional. Esto dependerá del partico político en el poder, ya que Yasukuni jinja es sin duda un lugar vinculado a la «derecha».

Yasukuni jinja, Haiden.

Pero si conseguimos mirar más allá de esta triste politización que llena las portadas de la prensa sensacionalista, encontraremos un santuario digno de visitar, tanto por su arquitectura, como por las manifestaciones culturales que allí se llevan a cabo. Yasukuni jinja está compuesto por varios pabellones o edificios, cada uno con su peculiaridad y su encanto, mereciendo la pena detenerse unos minutos en frente de cada uno de ellos:

  • Honden: Se trata del edificio principal, en el que reside la divinidad principal del jinja así como el espejo en honor de la diosa Amaterasu no Ōmikami.
  • Rejibo Honden: Es el edificio donde se guardan las listas de los kami venerados en Yasukuni jinja.
  • Haiden: Es el edificio principal, el más visible desde el exterior por sus grandes tejados negros decorados con dorados y las dos grandes telas blancas con la insignia del crisantemo imperial de 16 pétalos. Es el lugar principal donde los visitantes depositan las monedas y realizan las típicas reverencias.
  • Motomiya: Este pequeño templete es la primera construcción realizada para honrar a los samurái caídos en favor del Emperador. Poco antes de constituirse el Gobierno Meiji, partidarios de la causa imperial erigieron en secreto este templete en la ciudad de Kyōto. En 1930, fue trasladado al recinto de Yasukuni jinja.
  • Chinreisha: Este templete se erigió en 1965 para honrar a todos los que hayan muerto debido a una guerra, sin importar cual o el bando en el que lucharan.
  • Saikan: Es un edificio dedicado a realizar ritos de purificación.
  • Shamusho: Este pabellón recoge las oficinas del jinja, donde realizar trámites administrativos tales como bodas, ceremonias familiares, etc.
  • Otemizusha: Bajo esta edificación abierta se encuentra la más grande y principal fuente dedicada a la purificación.
  • Nōhgakudō: Complejo dedicado a representaciones de teatro nōh. Cuenta con un escenario principal abierto, una galería y tres estancias para cambios de vestuario. También se utiliza para las demostraciones de artes marciales tradicionales.
  • Sanshuden: Es otro de los edificios de mayor tamaño dentro del recinto. En su interior acoge amplios salones de espera para los grupos que van a participar en alguna ceremonia del santuario. Dentro también se pueden comprar bebidas, galletas y otros souvenires del jinja.
  • Tochakuden: Es un pabellón destinado a recepciones, aunque también es utilizado como sala de espera.
  • Senshintei, Kountei y Seisentei: Dos pequeñas casa donde poder degustar de un té verde y dulces tradicionales.
  • Sumō dohyō: Con la construcción del primer santuario, en 1869, se llevó a cabo una exhibición de sumō. Desde entonces, varios yokozuna han realizado enbu en Yasukuni jinja.
  • Yasukuni Kaiko Bunko: Archivos de Yasukuni jinja. En 1999 se incorporó al recinto un nuevo edificio de construcción moderna donde se localizan los archivos históricos del jinja.
  • Yushukan: Aunque el edificio fue concebido en 1882 para albergar reliquias del jinja, hoy en día es conocido por contener el museo de los kamikaze.

Yasukuni jinja Nôhgakudô. Hônô enbu enero 2014. Musô Jikiden Eishin ryû iaijutsu.

Dentro del recinto de Yasukuni jinja es posible acceder al Yushukan, posiblemente el segundo museo más importante dedicado a los kamikaze de la Segunda Guerra Mundial, sólo por detrás del de Chiran de Kagoshima. Todos aquellos interesados en la historia de este escuadrón activo durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, encontrarán aviones, vestimentas, armas y otros enseres personales de los pilotos que llevaban a cabo misiones suicidas. Además también se pueden observar otros dispositivos de inmolación menos conocidos como: bombas humanas ōhka, torpedos humanos kaiten, lanchas shinyō o trajes submarinos fukuryū. Al igual que ocurre en Chiran, quizás la parte más emotiva del museo es la dedicada a las cartas de despedida que dedicaban los kamikaze a sus familias. Todos los días laborables puede visitarse en horario habitual de 9:00 a 16:30 h y el precio de la entrada general es de 800 yenes. El hall principal, donde está expuesto el Caza Zero, es de libre acceso, por lo que merece la pena detenerse a hacerse una foto.

En 1933, el Ministro de Defensa Araki Sadao funda la Nihontō Tanren Kai (Asociación de forja de sables japoneses), siendo el mismo santuario de Yasukuni la sede central de dicha sociedad. Entre 1933 y 1945 se forjaron en las dependencias del jinja, cerca de 8100 nihontō, siendo muchos de ellos sables destinados a oficiales japoneses participantes en la Segunda Guerra Mundial. Pese a la consabida baja calidad de los sables forjados para el ejército, también denominado guntō, entre los forjadores que trabajaron en Yasukuni encontramos a numerosos artistas reputados que dieron su toque de calidad a la forja de este tipo de sable japonés. En 2007, el Museo del Sable Japonés (Tōken Hakubutsukan) ofreció una muestra donde se exhibían algunas de las mejores piezas (conservadas) de «sables de Yasukuni». Desgraciadamente, al igual que ocurre con tantas otras obras de arte pertenecientes a diferentes escuelas de forja, muchas fueron presas de saqueo y pillaje que llevaron a cabo las tropas de ocupación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial.

Yasukuni jinja Nôhgakudô. Hônô enbu enero 2014. Musô Jikiden Eishin ryû iaijutsu.

Yasukuni jinja cuenta con un escenario exterior para teatro nōh (nōh gaku dō), ubicado a la derecha de la entrada principal. En este lugar, además de llevarse a cabo demostraciones de teatro, de danza (nihon buyō) y canto, todos los años, durante las celebraciones de Año Nuevo, primavera y otoño, se llevan a cabo demostraciones de artes marciales japonesas. Las celebraciones suelen durar entre tres y cinco días, y durante ese periodo se suceden programas de enbu tanto de disciplinas modernas (gendai budō) como: aikido, judō, karatedō, shinkendō… como de escuelas antiguas (koryū) como: Musō Jikiden Eishin ryū iaijutsu, Morishige ryū hōjutsu, Tenshin Shōden Katori Shintō ryū Kenjutsu… Estas demostraciones están abiertas al público, la asistencia es gratuita y suponen una forma ideal de poder visionar tradiciones marciales del antiguo y el moderno Japón.

Yo mismo fui honrado en 2014 con la oportunidad de convertirme en el primer español autorizado a participar en estas demostraciones sagradas (hōnō enbu). A continuación quisiera dejar constancia de un breve fragmento del diario que escribí tras aquella emotiva oportunidad que se me fue brindada:

En abril de 2013, durante un seminario en la localidad alemana de Bartholomä, mi maestra de Ryōen ryū Naginatajutsu, Shimizu Nobuko-sensei, me otorgó el honor de ser «adoptado» por la escuela en una ceremonia en la que recibí el nombre de Ryōen Ryūko. En octubre-noviembre del mismo año, durante un seminario en la ciudad normanda de Cherburgo, mi maestro Sekiguchi Komei, el 21 representante de la escuela Musō Jikiden Eishin ryū iaijutsu (Yamauchi-ha Komei Jyūku), me informaba sobre su intención de permitirme participar en la demostración sagrada de Año Nuevo en Yasukuni jinja (Oshogatsu Hōnō enbu).

Sin haberme recuperado del honor que supone ser el primer español en realizar esta demostración en este jinja, me pregunta con que nombre debería inscribirme en el programa oficial. Por un momento me quedo perplejo y a continuación le digo a mi sensei que él bien conoce cómo me llamo: Marcos Sala. Sin embargo, él me pregunta por mi nombre dentro de la escuela. Ante ello le digo que si bien Shimizu sensei me otorgó un nombre, este es para naginata y que no dispongo de nombre en su escuela de iai, a lo que me contesta: «sí tienes, eres mi hijo y te llamas Sekiguchi Kenryū». Cuando todavía rebosaba alegría, mi maestra de naginata, Shimizu-sensei me informa de que ella también me permite que realice una demostración sagrada en el jinja. El hecho de que te permitan participar en un evento sagrado en un santuario de tanta importancia y ante los ojos de un gran público supone que realmente tus maestros confían en ti y en que dejaras los buenos nombres de la escuela bien alto.

Yasukuni jinja Nôhgakudô. Hônô enbu enero 2014. Ryôen ryû naginatajutsu

El 1 de enero de 2014 llego a Yasukuni jinja a las 7:30am para esperar a los sensei. El enbu se va a desarrollar en el nōhgakudō, donde pasamos para vestirnos entre bambalinas. La demostración comienza con la participación de la escuela de danza guerrera Kōfu ryū kenbujutsu, seguida de mi escuela de naginata: Ryōen ryū. Para aumentar la alegría del momento, (y responsabilidad), mi maestra me pide que de inicio yo solo a la demostración, realizando un kata (forma) utilizada para inaugurar eventos importantes y que supone un «barrido espiritual», espantando los malos espíritus y atrayendo la buena suerte (Shihō Giri – Shihō Barai). A esto siguió el enbu de naginata, y seguidamente realizamos varias demostraciones de iaijutsu, intercaladas por demostraciones de otras escuelas como Shin Musō Muraku ryū o Tenshin ryū hyōhō.

Al finalizar todos los enbu, Sekiguchi-sensei encabezó una comitiva de todas las escuelas participantes para dirigirse al Oku no In (sancta santorum) del jinja. Generalmente, él reserva los puestos a su lado para los otros sōke o sensei de diferentes escuelas, siendo Shimizu sensei una de estas personas. En esta ocasión, mi maestra de naginata decide cederme su puesto para que pueda realizar la ceremonia del tamagushi ōharei – tamagushi sasageru. Esta ceremonia consta en girar una rama del árbol sakaki, rememorando así el episodio en que la diosa del Sol, Amaterasu no Ōmikami se encierra en una cueva y se decide utilizar un árbol de sakaki decorado para hacer salir a la diosa. Por el rostro de sorpresa del sacerdote al pasarme la rama, intuí que no estaban demasiado acostumbrados a ver occidentales en esas determinadas situaciones. Al finalizar las plegarias y letanías de los sacerdotes shinto, los «barridos espirituales» y diversas ofrendas, reverenciamos en dirección al espejo que representa a la Diosa del Sol y degustamos el sake de Año Nuevo en su honor. Desde luego, todo ello, en un marco como el del impresionante Yasukuni jinja, se convirtió en un sueño realizado, una experiencia inolvidable.

Como noticia más reciente, durante mi último viaje de entreno a Japón, en febrero de 2016, mis maestros volvieron a honrarme con permitirme participar en un hōnō enbu en Yasukuni jinja, tanto en la disciplina de iaijutsu como en Naginatajutsu. En esta ocasión, el lugar «a la diestra» de Sekiguchi-sensei lo ocupó el representante principal de la escuela en Australia, Sekiguchi Koichi.

Para finalizar este artículo, quisiera dejar patente la buena organización por parte de los sacerdotes siempre que he participado en algún evento. Además de encargarse de las partes técnicas de megafonía, nunca dejan de estar pendientes de los participantes en las demostraciones, ofreciendo té verde, galletas y dulces durante los periodos de espera.

Yasukuni jinja Nôhgakudô. Hônô enbu enero 2014. Ryôen ryû naginatajutsu

En cuanto a todo lo relativo con la polémica política que el santuario genera, en mis 4 visitas jamás he presenciado ningún incidente. Bien es cierto que en ocasiones se han dado manifestaciones en contra de la canonización de «criminales de guerra», e incluso ha habido algún atentado aislado, en forma de pequeños objetos explosivos o conatos de incendio. Sin embargo, estos actos delictivos siempre han sido menores y controlados por tanto por las fuerzas del orden como por los sacerdotes del jinja y los voluntarios que colaboran en su manutención. Es más, durante mis visitas pude comprobar con asombro, la presencia de turistas tanto chinos como coreanos, admirando el complejo del jinja y sacándose fotos. De hecho, al finalizar mi participación en la demostración de 2014, un joven coreano, que portaba una chaqueta de “fans de la aviación”, me pidió sacarse una foto conmigo frente al emblema del crisantemo imperial dorado de 16 pétalos. Con esta anécdota pretendo hacer una llamada a la tranquilidad, y a visitar un santuario que, independientemente de las connotaciones políticas, rezuma belleza y arte por su cuatro esquinas.


Fuentes:

  • Texto creado por Marcos Sala [CoolJapan.es]
  • Imágenes tomadas por: Marcos Sala [CoolJapan.es]
Bio del autor

Marcos Sala

Licenciado y Doctorando en Historia del Arte, Secretario del Grupo de Investigación Asia. Universidad Complutense de Madrid. Investigador especializado en historia y arte de las armas japonesas y de los koryû (escuela antiguas japonesas). Representante para España de Musô Jikiden Eishin ryû iaijutsu, nombrado Sekiguchi Kenryû por Sekiguchi Komei (21º generación de la escuela). Representante para Españ de la escuela Ryôen ryû naginatajutsu, nombrado Ryôen Ryûko por Shimizu Nobuko, líder de la escuela.

  • Miguel

    Lo primero Marcos es felicitarte por tu artículo, especialmente por la parte en la que narras tu vivencia personal, debe haber sido un orgullo para ti! Y también para nosotros pues has sido el primer español autorizado a participar.
    Sin embargo no estoy de acuerdo con quitar hierro al asunto político, pues me parece muy grave y osado cuando se han realizado visitas de estado por parte del Primer Ministro, que en realidad no depende del partido político, como dices, si no más bien de la elección personal de cada dirigente. En Japón apenas hay alternancia política e incluso algún primer ministro de “derechas” no ha ido ni siquiera a título personal. Es como si un presidente español visitase El Valle de los Caídos, además en Japón hay una separación política y religiosa por lo que ya las visitas de estado a un templo podrían llegar a ser cuestionables.
    En cuanto a que hayas visto a chinos o coreanos tampoco es que rebaje la tensión, pueden verse atraídos por la magnificencia histórica y no por los ritos que ahí se hacen.
    Muchas gracias de cualquier modo por el artículo pues es harto interesante.

    • Marcos Sala Ivars

      Muchas gracias Miguel por tu comentario.
      Yo no creo que haya que quitarle hierro al asunto, pero tampoco ponerle…
      Queda claro que Yasukuni no es el Valle de los Caídos, está pensado principalmente para conflictos que ocurrieron en el siglo XIX, por mucha repercusion que tuviera la.Segunda Guerra Mundial. Además, de entre mas de dos millones de «almas» veneradas, sólo hay unas pocas polémicas (sobre 1000)
      Por lo tanto, y por mi parte, sigo viendo las connotaciones políticas de las visitas ministeriales como un asunto sensacionalista que ensombrece el arte y la.historia del lugar. Pero bueno, opiniones hay para todos los gustos y yo soy el primero que respeta todas ellas.