Entrevista a Tatsuo Unemi en el XXIV Salón del Manga de Barcelona

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tatsuo umemi

Seguidamente reproducimos la entrevista que realizamos a Tatsuo Unemi durante el pasado XXIV Salón del Manga de Barcelona, que tuvo lugar del 1 al 4 de noviembre de 2018. Unemi es un investigador especialista en el desarrollo de software generador de arte evolutivo en base a estudios sobre vida artificial, que desde 2003 colabora con Daniel Bisig en la creación de obras de arte por medio de nuevas tecnologías, aplicando simulaciones de comportamiento de grupo. En 2006 recibió el premio Mención Honorífica en Vida 9.0. Sus obras han sido expuestas en el festival ARCO de Madrid, y ha sido galardonado con el Premio a la excelencia en el 10.º Japan Media Arts Festival.

Entrevista a Tatsuo Unemi

Cool Japan: En primer lugar, nos gustaría conocer un poco cómo nació su interés por la informática y por el desarrollo tecnológico. ¿Cómo se inició en esta pasión?

Tatsuo Unemi: La primera vez que descubrí la informática fue cuando estudiaba el segundo curso en la universidad. Yo nací en 1956, así que eso sería a principios o mediados de los años 70, una época en la que los ordenadores prácticamente no existían. A la universidad llegó una unidad a la que llamábamos «minicomputer», que de «mini» no tenía nada. En la carrera tenía una asignatura de programación y fue la primera vez que entré en contacto con un ordenador; me encantó porque tengo un alma otaku y me llamó mucho la atención. Supongo que de ahí viene mi interés.

CJ: ¡Muy interesante! Pues precisamente haciendo alusión al tema otaku, siempre que se habla de la evolución y el desarrollo tecnológico en Japón es difícil separarlo de figuras como Astro Boy o Doraemon. Estas dos series en concreto, grandes clásicos, han marcado a toda una generación de ingenieros en Japón. ¿Cree que es esto lo que ha propiciado la evolución de la tecnología en su país?

TU: Es una pregunta un poco difícil de responder. Cuando por fin tuvimos televisión en casa fue la época en que emitían la serie de imagen real de Astro Boy. A mí me encantaba, y también leía el manga que se publicaba en las revistas. Creo que el tema principal de esa historia es la inteligencia artificial, lo cual no está tan relacionado con mi campo, pero creo que ha contribuido mucho al desarrollo de inteligencias artificiales en Japón. No tanto a la informática, aclaro. Es algo que he constatado hablando con otras personas de mi círculo académico y de mi misma generación.

Otro título relevante sería Tetsujin-28 (emitida en España como Gigantor), si bien son totalmente diferentes. Astro Boy tiene un cerebro artificial, mientras que Tetsujin-28 funciona a través de un control remoto. Fue en esta época cuando la gente de mi generación empezó a plantearse qué diferencias había entre unos modelos y otros, y por qué esta manera diferente de tratar el tema de la robótica. Osamu Tezuka llegó a una conclusión que fue la inteligencia artificial, mientras que Mitsuteru Yokoyama fue más realista: a día de hoy, todavía estamos muy lejos de conseguir fabricar un Astro Boy, pero tal vez podríamos conseguir un Tetsujin-28.

Doraemon, en cambio, no es tan relevante para mi generación porque ya éramos más mayores. Pero un poco después llegó Gundam, que de nuevo presenta máquinas pilotadas (controladas desde el interior, en este caso), y es una serie que hace plantearse mucho la relación entre máquina y hombre. Creo que estas series han contribuido mucho a los avances en inteligencia artificial aunque no tanto al tema informático. Diría que el gran secreto detrás del desarrollo informático en Japón no está tanto en las series de robots sino en los videojuegos. Al haber tantos, quienes se han interesado en ellos han terminado centrando su trabajo en la informática.

CJ: Ya que hemos hablado sobre cómo se percibe la tecnología en Japón, cabe decir que en la ficción de Europa y los Estados Unidos se suele plasmar esta evolución en la tecnología como un peligro. Hay muchas historias donde las máquinas se vuelven en contra de la humanidad, ejemplos tan famosos como Terminator o 2001: Una odisea en el espacio. ¿Por qué cree que existe esta diferencia cultural en cómo se percibe la evolución de la tecnología?

TU: Sí, es una diferencia notable. No solo en cuestión de la robótica, sino también hablando de inteligencia artificial. Probablemente se deba a diferencias culturales e incluso religiosas: en Japón tenemos una religión autóctona, el sintoísmo, una religión animista que se basa en la idea de que hay deidades en todas partes. Existe una anécdota muy famosa sobre esto. Resulta que algunos dueños de Aibo, el perro robot de Sony, los llevan a los templos budistas para realizar un funeral cuando se estropean y no se pueden reparar. Los hay que hasta lloran y todo, como cuando pierdes a un ser querido. Este amor por los robots podría considerarse una extensión del sintoísmo, como también de la creencia de que cualquier persona, aunque sea malvada, puede volverse buena. Es la esperanza, el deseo de llevarnos bien con las máquinas lo que deriva de estas cuestiones culturales y religiosas de nuestro país.

CJ: Pasando ahora a su experiencia personal dentro del desarrollo tecnológico, entendemos que es algo que usted vivió en su momento pero nosotros solo hemos llegado a ver el resultado. ¿Cuál era la visión que se tenía en aquel entonces respecto a este campo?

TU: Se podría resumir en la popularización de la tecnología. Cuando estudiaba en la universidad, los ordenadores no eran aparatos al alcance de todo el mundo, ni mucho menos. Se encontraban solo en edificios que normalmente estaban cerrados a cal y canto, solo unos pocos afortunados tenían acceso a ellos. Ahora, en cambio, prácticamente no podemos imaginarnos una vida sin informática. La tecnología, la información, las comunicaciones… todo eso ha hecho posible un cambio muy radical tanto a nivel cultural como en las relaciones personales. También en ámbitos sociales, económicos, etc. La tecnología ha cambiado radicalmente nuestro modo de vida, pero esto no es nuevo. Cuando se inventó la agricultura, la forma de vivir de las personas cambió por completo. La revolución industrial también comportó un cambio muy grande para la humanidad: de pronto teníamos acceso a máquinas muy potentes que podían realizar esfuerzos que nosotros no podríamos con nuestra fuerza. También podías ir más lejos en menos tiempo.

Ahora nos encontramos con una revolución de la información. Nuestra vida ha cambiado radicalmente incluso en cuestiones tan básicas como la comunicación entre las personas. Recuerdo que, cuando yo era joven, en las estaciones de Tokio había unos paneles donde la gente podía escribir notas para otros. Por ejemplo, si alguien llegaba tarde, se le avisaba de que le esperaban en un bar concreto. Ahora, en cambio, esto ya no es necesario. Tenemos el móvil podemos hacer una llamada o enviar un mensaje. Toda esta revolución es muy conveniente pero a la vez también tiene su peligro, claro, hay que saber hacer un buen uso de ella.

CJ: Nos ha hablado un poco de cómo ha sido la evolución de la tecnología desde sus inicios hasta ahora y también desde el presente a cómo se espera que continúe en el futuro. Nos gustaría pasar ahora a su formación como profesional, ya que tiene una dilatada carrera tanto a nivel académico, como artístico, como cultural. Ha tocado muchos palos, ¿pero cuál de estos tres aspectos le definiría mejor? ¿Con cuál se siente más identificado?

TU: Cuando era más joven, tenía mucha agilidad mental. Se me daban bien las matemáticas, la programación… Me interesaba mucho este mundillo. Pero a medida que me he ido haciendo mayor, mi capacidad de procesar cosas ha ido decayendo, y ahora me resulta mucho más interesante utilizar los conocimientos que he adquirido durante toda mi carrera. Prefiero dejar los cálculos y toda esta parte más complicada a las generaciones más jóvenes y dedicarme a otros campos que me hagan feliz. Por ejemplo, el arte.

Los ingenieros se concentran en buscar soluciones para problemas actuales, de modo que la gente pueda ser más feliz. Su mayor logro es que sus esfuerzos desemboquen en la felicidad de otros. En cambio, el arte es muy diferente en el sentido de que el artista es feliz cuando comprueba que la gente que comprueba su obra no termina de entenderla. A veces reflexiono con amigos de mi edad sobre la evolución de grandes pensadores, grandes científicos como Bertrand Russell o Noam Chomsky que al inicio de su carrera empezaron con las Matemáticas, pero más tarde se pasaron a la Filosofía y finalmente al activismo. Es una evolución muy curiosa con bastantes paralelismos con la mía propia. Ahora tengo que pensar qué hago para volverme activista también (risas).

CJ: Muchos de los lectores de nuestra página están interesados en el mundo de la informática y la tecnología. ¿Qué consejos les daría a aquellos que quieran iniciar una carrera tan exitosa como la suya? Y ya que estamos, ¿cuáles de sus proyectos cree que podrían interesar a estas personas?

TU: Pues antes que nada, me gustaría puntualizar que no sé si mi caso puede ser útil o no para las nuevas generaciones que están llegando. Se puede decir que cuando uno es joven, tiene una serie de conocimientos que son limitados por la propia juventud. No obstante, al ser joven uno tiene ideas más revolucionarias que cuando ya es mayor: tienes menos conocimientos pero tu imaginación vuela.

Cuando estaba en cuarto de carrera, me pregunté qué era la inteligencia. ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su origen? En esa época, todavía no se había extendido el concepto de «aprendizaje por refuerzo», un tema del que es mucho más fácil hablar ahora. Por ejemplo, si tenemos un animal para el experimento, lo castigamos si lo hace mal y le damos un premio si lo hace bien. La forma en que reacciona y se adapta a su entorno es algo que podemos aplicar también en la educación de los niños. Lo que hice yo fue aplicar el método con la inteligencia artificial, investigando cómo hace la máquina para evitar el castigo y conseguir el premio. Es un campo de investigación en el que he estado implicado durante muchos años pero que al principio era complicado de explicar porque se salía de todos los patrones que estaban imperando en ese momento.

Yo no era el único que investigaba esta clase de ideas, y de hecho tardé unos diez años entre que empecé a pensar en esta temática y lancé por fin la idea para hacerla pública. Tenía miedo de que si la divulgaba demasiado pronto, la gente no la entendería y me tildarían de loco, nadie me haría caso. Creo que para las nuevas generaciones es importante saber cuándo lanzar estas nuevas ideas. Por ejemplo, un campo que ahora mismo se encuentra en la misma situación es la creatividad computacional, en la que ya llevan diez años realizando distintos avances. Hay que saber cuándo presentar estas nuevas ideas y no apresurarse en hacerlo, aunque tampoco hay que ser demasiado lentos y que otro se adelante. Pensad en nuevas ideas, nuevos conceptos, pero pensad cuál es el mejor momento para exponerlas.

Esta ha sido nuestra entrevista a Tatsuo Unemi. Damos las gracias a Ficomic por la oportunidad de entrevistar a este invitado, así como al traductor Marc Bernabé por haber participado en la interpretación. Para ver más fotografías solo tenéis que seguir el siguiente enlace. Podéis ver la entrevista en vídeo a continuación:


Fuentes:

  • Entrevista realizada por: David Heredia y Juan Carlos Pérez [CoolJapan.es]
  • Fotografias de: Juan Carlos Pérez [CoolJapan.es] | Soporte técnico: Dawn Melodies Productions
Bio del autor

David Heredia

Traductor, amante del manganime y de la cultura japonesa. Nacido en Vila-real, colabora con noticias y artículos para diversas páginas de carácter informativo. Le encanta investigar sobre todo lo que tiene que ver con la industria de la animación y de los videojuegos.