Iblard, la visión que encandiló a Ghibli

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El pasado día 15 se celebraba el aniversario de Susurros del corazón, una de las películas menos populares de Studio Ghibli pero que no deja de ser una auténtica joya en el catálogo del estudio. Esta historia sobre la juventud, el amor y el proceso de madurar es sólida como el diamante, pero quizá uno de sus elementos más notables sea el curioso mundo que presenta de manera velada: Iblard, un reino de fantasía onírica que es obra del pintor Naohisa Inoue y que a lo largo de casi cuatro décadas se ha ido desarrollando sin descanso ofreciendo visiones estimulantes y sobrecogedoras por igual.

Naohisa Inoue, el cronista de Iblard

Nacido en Osaka en 1948, Naohisa Inoue estudió en la Escuela de Arte de Knazawa y después de un tiempo trabajando como diseñador gráfico actualmente ejerce de profesor de Arte y Diseño en la Universidad de Seian. Lleva más de 35 años compartiendo las imágenes del hermoso universo que ha creado, Iblard, cuyas primeras ilustraciones datan del año 1981. Se cuenta que con motivo de una exposición en Tokio en 1994 el artista invitó al director Hayao Miyazaki —del que era gran admirador— para asistir a ver su obra sin esperar, en ningún caso, que hiciera acto de presencia. Su carta fue más una excusa para agradecer al cineasta su labor y darle a conocer la suya propia. Sin embargo, resulta que el inefable Miyazaki apareció allí y no solo se quedó impresionado por las pinturas sino que llegó a comprar una, que ahora cuelga en la cantina de Studio Ghibli.

Su relación se fue afianzando y el director le invitó a unirse al equipo artístico que se encontraba trabajando en Susurros del corazón (Mimi wo Sumaseba, 1995), el nuevo largometraje del estudio y el primero dirigido por el prometedor Yoshifumi Kondō —que por desgracia fallecería apenas unos años más tarde—. Como resultado de este acercamiento, varios de los cuadros de Inoue fueron empleados como referencia para crear el mundo fantástico de La historia que me entregó el Barón, la novela que escribe la protagonista Shizuku en el filme. Como nota curiosa, el mismo artista realiza un pequeño cameo aportando la voz de Minami, el hombre con bigote que aparece durante la actuación improvisada de Country Roads en el atelier de Seiji Amasawa.

No terminaría aquí la colaboración con el estudio, pues aún quedan por mencionar dos títulos de notable interés. Por un lado, en 2006 se estrenó el cortometraje Hoshi wo Katta Hi («El día que compré un astro»), una producción exclusiva del Teatro Saturno del Museo Ghibli de Mitaka que está basada en una historia de Inoue; por otro, en 2007 se lanza Iblard Jikan («Tiempo de Iblard»), que ofrece un interesante recorrido por varias de las pinturas del artista, con la peculiaridad de estar animadas digitalmente para hacer que los elementos de la imagen cobren vida: donde antes había un fondo estático, ahora el viento mece la hierba, curiosos satélites cruzan el cielo, y las personas se mueven al son del mundo que les rodea. Todo esto aderezado con la banda sonora de Kiyonori Matsuo, quien se prestó para componer las tranquilas melodías que nos acompañan durante los 30 minutos que dura el filme.

Surrealismo y fantasía

Las numerosas pinturas de Inoue presentan una utopía que resulta intrigante y nostálgica en muchos sentidos, que nos hace recordar cosas de nuestro mundo pero que a la vez nos lleva a imaginar muchas otras únicas de este lugar de fantasía. Aunque algunas de las características de Iblard tienen su explicación, hay otros muchos elementos para los que aún no hay respuesta, ni siquiera para el propio artista. En esta nación acontecen toda clase de fenómenos, pero si hay algo que todos sus habitantes encuentran importante es la belleza intrínseca de su mundo: una belleza onírica que se ve complementada por las fascinantes historias que allí suceden y por los encantadores personajes que las protagonizan.

Por ejemplo, uno de los puntos más interesantes de la ciudad es el distrito comercial: una zona que no solo se asemeja a un laberinto, sino que puede convertirse en uno de verdad si el visitante primerizo no anda con cuidado. El motivo es que el complejo tiene consciencia propia y nota cuándo uno quiere volver a casa, por lo que mueve puertas y escaleras para confundir a la gente y que sigan comprando. A menudo se puede encontrar cerca a Megezo, un espíritu con forma de elefante sobre el que versan distintas leyendas y rumores. La criatura es inofensiva, aunque guarda grandes poderes, tanto que cuando los magos se encuentran con ella pierden la voluntad de usar su magia, abatidos.

Los astros también son un elemento importante de su paisaje y muchos de los que merodean por Iblard cuentan con exquisitos jardines y parques. En definitiva, se trata de un universo muy rico que crece con cada cuadro que nace de la imaginación de Inoue y que con suerte lo seguirá haciendo durante mucho tiempo más. Quizá si contempláis lo suficiente sus pinturas logréis visitarlo en vuestros sueños.


Fuentes:

  • Textos consultados de: Iblard | Texto creado por David Heredia Pitarch [CoolJapan.es]
  • Imágenes extraídas de: Iblard
Bio del autor

David Heredia

Traductor, amante del manganime y de la cultura japonesa. Nacido en Vila-real, colabora con noticias y artículos para diversas páginas de carácter informativo. Le encanta investigar sobre todo lo que tiene que ver con la industria de la animación y de los videojuegos.

  • Paqui González

    Gracias David : me has dado un motivo para volver a ver Susurros del Corazón.