Coproduciendo: Japón y España unidos por el anime

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Quienes hemos crecido a golpe de tele recordamos con cariño aquellas series animadas de los ochenta que nos divertían las tardes de merienda (y los desayunos de fin de semana), pero no es hasta ahora cuando hemos sido conscientes de que varios de estos títulos eran series de anime del mágico Japón, incluso algunos bastante inesperados. Los estudios nipones vieron en Europa un gran mercado en aquella época y decidieron que no solo era el momento de introducir allí sus series, sino también de tender una mano amiga y empezar a producirlas juntos. De este contacto surgieron colaboraciones muy interesantes como es el caso de Érase una vez… el hombre (1978), la popular serie infantil realizada por Albert Barillé para France Régions 3 con la ayuda de Tatsunoko Production (La batalla de los planetas, Robotech), o Calimero (1972), otra producción italo-japonesa en colaboración con Toei Animation.

España y el anime

Resulta curioso, cuanto menos, que España fuera uno de esos países que más aportó a este acercamiento, aunque para entender el verdadero valor de su esfuerzo hace falta retroceder un poco en el tiempo. Todo se origina a mediados de los años setenta con la creación del estudio Nippon Animation. La empresa se fundó oficialmente en junio de 1975 bajo la dirección del presidente Koichi Motohashi y no tardó en crear sus primeros títulos propios de éxito. Entre ellos se encontraban series muy queridas por el público español como La abeja maya (Mitsubachi Maya no Bōken) o El perro de Flandes (Flandes no Inu), marcando esta última el inicio de la colección World Masterpiece Theater. A finales de década, en plena producción de Ana de las Tejas Verdes (Akage no Anne), un joven Hayao Miyazaki abandonaba el estudio para encargarse de la película El castillo de Cagliostro, basado en el personaje Lupin III de Monkey Punch.

Isao Takahata, la otra mitad de Studio Ghibli, también llevaba unos años trabajando para la Nippon Animation, pero debido a su triunfo con Heidi, se quedó un tiempo más para dirigir el anime de Ana. El estudio aprovechó el dinero que había ganado con su inversión en Europa y pensó que se trataba de un continente muy rentable para explotarlo con sus series, así que decidió tirar de la cuerda y seguir produciendo animes basados en historias de la literatura occidental. De esta idea surgieron producciones como El bosque de Tallac (Kuma no Ko Jacky, 1977) o Banner y Flappy (Seton Dōbutsuki Risu no Banner, 1979), ambas basadas en relatos del escritor Ernest Thomson Sheton. Y es aquí, en este punto, donde Japón y España se dan la mano para formar una de las asociaciones más importantes de los ochenta.

anime español
Ruy, el pequeño Cid constituye la primera colaboración entre nuestros países.

BRB Internacional fue la encargada de distribuir en nuestro país muchas de estas series y no tardó en darse cuenta del gran tirón que tenían entre los más pequeños. A raíz de este fructífero entendimiento, la española convenció a la Nippon para coproducir varios títulos que se harían muy famosos al poco de su estreno. Ruy, el pequeño Cid (Little El Cid no Bōken, 1980) fue el primero de ellos y demostró que la alianza había valido la pena. La serie fue dirigida por Fumio Kurokawa y contó con los diseños de Junichi Seki, sumando el trabajo de Mitsuru Suzuki y Takao Ogawa como directores de animación.

Más curiosa todavía sería su siguiente aportación junto a Estudio Equip, nada menos que la serie Fútbol en acción (1981) con el famoso Naranjito promocionando el «deporte rey» como antesala al inminente Mundial de 1982. Los dibujos no causaron un gran impacto en Japón, que ya estaba más acostumbrado a producciones de un nivel más alto, pero sí que supuso un título importante en territorio europeo y, por supuesto, en el español, donde se convirtió en un importante producto para la promoción del campeonato. Sin embargo, más relevantes serían otras como D’Artacan y los tres mosqueperros (Wanwan Sanjushi, 1981): en esta ocasión, el encargado principal de adaptar la famosa novela de Alejandro Dumas fue Taku Sugiyama, contando de nuevo con los divertidos diseños de Junichi Seki. La serie no llegó a España hasta el año siguiente, estrenándose por fin el 9 de octubre de 1982 y extendiendo la historia a lo largo de 26 episodios.

Los créditos iniciales en japonés no tienen el encanto de Mocedades
pero cuentan con la preciosa voz de la actriz Keiko Han

La vuelta al mundo de Willy Fog (Anime 80 Sekai Isshu, 1983) fue la última de estas colaboraciones, siendo un éxito rotundo en televisión que aportaría muchos beneficios a BRB en cuestión de mercadotecnia. La dirección corrió a cargo de Fumio Kurokawa, que empleó sabiamente los diseños de Isamu Kumata para mostrar a los carismáticos personajes que tanto divirtieron a los pequeños de la época, añadiendo además la música del gran Shunsuke Kikuchi en la banda sonora. Más tarde, Nippon Animation probó suerte con otros países, aunque no logró el mismo resultado. Durante un tiempo siguió apostando por adaptaciones de la literatura occidental, lanzando títulos como Mujercitas o Sonrisas y lágrimas, pero poco a poco fue abandonando esta tendencia en favor de la nueva demanda de aventuras fantásticas.

No acaba aquí, sin embargo, el singular vínculo entre nuestros países. Tuvieron que pasar casi 20 años hasta que Nippon Animation se animara de nuevo a retomar la relación con España para lanzar una adaptación del clásico Marcelino, pan y vino (Marcelino) en 2001 como parte de su colección World Masterpiece Theater, una versión más moderna a nivel visual pero que se presenta como clara heredera del espíritu que manifestaron los anteriores animes. Esta es —ahora sí— la última coproducción que han realizado juntos, pero no podemos descartar la posibilidad de ver más en el futuro. Japón se está mostrando muy abierta respecto a la creación de títulos con los países europeos y solo hay que ver el próximo estreno de The Red Turtle (Francia+Japón) para darse cuenta de ello, aunque es difícil saber si tendremos la oportunidad de ver a nuestro país como contrapeso de un proyecto de semejante magnitud.

Por el momento no se atisban planes de ello, pero no hay duda de que la animación española ha crecido mucho en los últimos años y puede resultar un ejemplo interesante para un veterano como Japón. Deseemos, pues, que ambos puedan acercar distancias en el futuro.


Fuentes:

  • Texto consultados de: Anime News Network | Texto creado por: David Heredia Pitarch [CoolJapan.es]
  • Imágenes extraídas de: BRB Internacional
Bio del autor

David Heredia

Traductor, amante del manganime y de la cultura japonesa. Nacido en Vila-real, colabora con noticias y artículos para diversas páginas de carácter informativo. Le encanta investigar sobre todo lo que tiene que ver con la industria de la animación y de los videojuegos.