Ihatov, la utopía de Kenji Miyazawa

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Actualmente el manga y el anime ofrecen toda clase de historias y son una fuente inagotable de aventuras, pero la fantasía japonesa se remonta a un tiempo más lejano. No hablo de los mitos y leyendas del imaginario religioso, sino del mundo creado por uno de los grandes escritores del archipiélago que cautivó —y sigue cautivando— a toda una generación: el célebre Kenji Miyazawa. El estudioso hablaba en sus obras sobre Ihatov, un reflejo de su Iwate natal que se convierte en una tierra de ensueño, un lugar que se extiende hacia los océanos, que cruza bosques y desiertos, y que presenta una utopía para quienes lo habitan y un objetivo para quienes leen sobre él.

El mundo fantástico de Ihatov

Como decía, Miyazawa idealizó su querida Iwate como un mundo imaginario llamado Ihatov, que vendría a ser la traducción del nombre en esperanto. Se trata de una tierra fértil donde las personas, los bosques, los animales e incluso los postes telefónicos hablan una misma lengua. En su seno acontecen historias con una moraleja, fábulas que narran las dificultades de un pueblo y cómo el estudio y la constancia pueden ser la solución a muchas de ellas. El escritor pasó mucho tiempo enseñando a los granjeros de Tohoku a mejorar sus condiciones laborales y también los cultivos de los que se ocupaban, y estos mismos objetivos se transmiten del mismo modo a través de sus relatos, que siempre mostraban un gran respeto por la naturaleza.

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En palabras del propio Miyazawa:

Todo es posible en Ihatov. Monta en una nube de hielo y viaja hasta el norte siguiendo los grandes vientos circulantes. Habla con las hormigas que avanzan bajo la roja cúpula de una flor. Incluso los pecados y lamentos se transforman en algo sagrado y hermoso. Profundos bosques de hayas, vientos y sombras, hierba espesa, ciudades misteriosas, filas de postes eléctricos que se alinean junto al camino hacia Bering. Una tierra llena de incógnitas y, aun así, placentera. Las historias que cuento son esbozos de mi imaginación. Toman la forma de literatura para aquellos que terminan su niñez y entran en la adolescencia.

El autor dedicó su vida a expandir este mundo, desvelando en él los sueños que perseguía en su vida. Y de sueños va la cosa, porque con la misma identidad onírica que el mundo de Iblard (quizá inspirado en cierto modo por la obra de Miyazawa), Ihatov nos presenta toda clase de sucesos fantásticos a través de sus lugares y habitantes en un intento de describir el estado ideal de su querida Iwate, que por aquel entonces era todavía una zona pobre de cultivo donde se pasaba mucha hambre. Pero incluso con aquellas desafortunadas circunstancias, la descripción de este paraíso no era necesariamente un fruto de su imaginación, también tomaba mucho de la realidad. La naturaleza de la región es exuberante y hermosa: incluso en invierno, cuando el paisaje está cubierto por una espesa capa de nieve, las montañas son ricas en colores. Las flores de primavera, la hierba en verano y las hojas en otoño desatan sus encantos para aportar sus bondades a este complejo matiz cromático. Normal que el escritor estuviera enamorado de su hogar.

Aunque con más relevancia en sus relatos y fábulas, Ihatov también tiene una gran presencia en algunas de las principales novelas de su creador. Por ejemplo, en uno de sus mayores legados: Ginga Tetsudō no Yoru (El tren nocturno de la Vía Láctea), una pequeña novela que se publicó un año después de su muerte y que se ha convertido en un verdadero clásico de la literatura nipona. Igual de famosa es su adaptación animada, una película de 1985 dirigida por Gisaburo Sugii que sirvió además como formación para algunos de los productores más importantes de la industria. El filme cuenta con la peculiaridad de que todos los personajes están representados como gatos, una característica que se mantendría como identificativa para las nuevas generaciones de japoneses que han conocido la historia a través de este medio, y que se trasladaría más tarde a la película Ihatov Gensō: Kenji no Haru («La fantasía de Ihatov: la primavera de Kenji», también conocida como Spring and Chaos), una biografía del escritor lanzada en conmemoración de su 100º aniversario; también en Guskō Budori no Denki (La vida de Budori Gusko), que cuenta con dos adaptaciones distintas. Otras historias de Miyazawa que también se han animado son Gauche, el violoncelista, dirigida nada menos que por Isao Takahata, y La noche en Taneyamagahara, lanzada en 2006 como parte de la colección Ghibli ga Ippai.

Guskō Budori no Denki (La vida de Budori Gusko, 2012)
recupera los diseños gatunos de la primera película de Sugii

Sin embargo, puede que la representación más peculiar llegue por parte del terreno digital. Ihatovo Monogatari, un juego de la compañía Hector para Super Famicom, nos transporta al universo de las novelas para vivir una aventura en la que aparecen distintos lugares y personajes de los libros, incluidos los más famosos. En concreto, el apartado visual y sonoro juegan muy a favor del bello surrealismo que transmite este título, y aunque el desarrollo en sí no resulta nada especial en comparación con otros videojuegos —mucho menos si lo enfrentamos a los clásicos coetáneos—, no hay duda de que recorrer los distintos espacios se vuelve una experiencia muy íntima y poética.

Semblanza de Kenji Miyazawa

Miyazawa nació en 1896 en lo que ahora se conoce como la ciudad de Hanamaki, en la prefectura de Iwate, y era el hijo mayor de un prestamista. Desde pequeño se vio perturbado por lo que percibía como una gran desigualdad social entre su entorno familiar y los granjeros pobres de la zona a los que su familia les prestaba dinero. En 1918 se licenció en la Escuela de Agricultura y Ciencias Forestales de Morioka (actual Universidad de Iwate). Fue un estudiante modelo y su consejero académico le propuso como profesor asistente. Sin embargo, las diferencias con su padre sobre la religión y su aversión por el negocio de la familia crearon tal grado de infelicidad en su vida que en 1921 cambió Hanamaki por Tokio.

Allí se quedó en casa de un amigo y descubrió la obra del poeta Sakutaro Hagiwara, que le animó a empezar a escribir. Después de ocho meses en la ciudad, cuando ya había creado algunos cuentos infantiles, volvió a Hanamaki por la enfermedad y posterior muerte de su hermana pequeña. Más tarde encontró empleo como profesor de Ciencias Agrícolas en el Instituto de Agricultura de Hanamaki. Ahorrando el triste salario que ganaba, en 1924 logró costearse la publicación de su primera colección de fábulas e historias para niños, Chūmon no Ōi Ryōriten («El restaurante de los muchos pedidos»), y parte de una colección de poemas, Haru to Shura («Primavera y Ashura»). Aunque ninguno de ellos fue un éxito editorial, su trabajo llamó la atención de los poetas Kōtarō Takamura y Shimpei Kusano, que admiraban mucho su estilo y le introdujeron en el mundo literario.

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Como profesor, sus estudiantes le veían apasionado pero algo excéntrico, ya que insistía en que el aprendizaje tenía que venir a través de las experiencias propias. A menudo sacaba a los alumnos del aula, no solo para enseñarles, sino también para dar paseos por los campos. Desde 1926 se esforzó por mejorar la vida material y espiritual de los campesinos pobres de su Iwate nativa. Introdujo nuevas técnicas agrícolas y algunas variedades de semillas. Abandonó su puesto como profesor para establecer una asociación de granjeros y reunió a un grupo de jóvenes de las familias del entorno para enseñarles nociones de agronomía. La asociación también organizaba actuaciones teatrales, musicales y otras actividades culturales.

Ese mismo año se volvió un apasionado del esperanto e intentó traducir algunos de sus poemas a este idioma, que serían publicados de manera póstuma en 1953, años después de su muerte. Las obras que escribió en esta época muestran la sensibilidad que sentía por su tierra y la gente que trabajaba en ella. Sus cuentos infantiles, aunque pueden parecer ligeros y llenos de humor en su superficie, contienen historias que se dirigen a la educación moral del lector. Miyazawa escribió algunos trabajos en prosa y algunas obras teatrales para sus estudiantes, así como otros tantos poemas que serían descubiertos y publicados de forma póstuma. Después de luchar durante muchos años contra la pleuritis, el escritor murió de neumonía en 1933.


Fuentes:

Bio del autor

David Heredia

Traductor, amante del manganime y de la cultura japonesa. Nacido en Vila-real, colabora con noticias y artículos para diversas páginas de carácter informativo. Le encanta investigar sobre todo lo que tiene que ver con la industria de la animación y de los videojuegos.