The Legend of Zelda: 30 años de leyenda

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Este 2016 acoge numerosos aniversarios en el mundo de los videojuegos, aunque pocos pueden presumir de tener tanta relevancia como el de este título de Nintendo. The Legend of Zelda, una de las franquicias más icónicas y respetadas dentro de este formato, cumple este domingo la friolera de 30 años y, personalmente, no puedo estar más contento. Quienes me conocen saben de sobra que me liga un vínculo muy especial con ella: llegamos al mundo en el mismo año, fue el título que me hizo comprender la profundidad de los videojuegos y a lo largo de mi carrera profesional he tenido la oportunidad de participar en la edición de algunos de sus productos. Cada jugador tiene su propia historia con esta serie, todas igual de valiosas, pero en este periodo de celebración quizá sea el momento de preguntarse cuál es la historia detrás del juego en sí.

Forjando la leyenda de Zelda

Para comprender la idiosincrasia de la serie, es necesario conocer primero la vida de su creador. Shigeru Miyamoto, hombre clave en las filas de Nintendo, nació y creció en el pequeño pueblo de Sonobe, en Kioto, rodeado de la naturaleza más fascinante que puede ofrecer el país. ¿Cómo resistirse a explorar los bosques, cuevas y montañas de una zona rural como aquella? Sin duda, fueron estas experiencias las que inspiraron al creativo a la hora de realizar la que sería la primera entrega de una de las series más especiales del mundo de los videojuegos.

Habiendo terminado sus estudios de Diseño Industrial en la Escuela de Arte de Kanazawa, y después de un tiempo trabajando como diseñador en Nintendo (dando paso a grandes éxitos en recreativa como Donkey Kong y Mario Bros.), llegó el turno de trabajar en la nueva consola doméstica de la compañía y también en los primeros títulos en explotarla. Resulta curioso descubrir que el desarrollo del primer The Legend of Zelda se realizó en paralelo con el del primer Super Mario Bros., aunque finalmente llegaran a lanzarse al mercado con un año de diferencia. Esta coincidencia, que parece tan trivial, fue decisiva, en realidad, a la hora de fijar la identidad de ambos títulos, pues todas las ideas se exponían en conjunto y luego se repartían según encajaban mejor con un juego u otro.

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The Legend of Zelda sentó muchas convenciones en el género de los juegos de acción y aventura.

En concreto, se podría decir que la diferencia principal entre ambos fue la decisión de convertir el Mario en un juego lineal y el Zelda en uno alineal. El sentimiento de exploración estaba bien presente desde el mismísimo principio, no en vano se empleaba la palabra «Adventure» como nombre en clave para el proyecto. No obstante, el concepto del juego pasó por todo un proceso de transformación antes de definirse como el producto que conocemos actualmente. Para que os hagáis una idea, uno de los primeros planteamientos que hubo sobre la mesa fue que el juego consistiera en una especie de creador de mazmorras en la que uno de los jugadores diseñaba un intrincado mapa lleno de obstáculos para que otro lo completara, muy en la línea de lo que ha terminado siendo el Super Mario Maker de Wii U, aunque en su momento la propuesta no llegó a cuajar.

Un envoltorio memorable

Por otro lado, es importante destacar la relevancia del diseño en el éxito de la serie. Fue Takashi Tezuka, otro de los hombres fuertes de Nintendo, quien se ocupó de dar forma a los distintos personajes y monstruos que aparecerían en pantalla, aportando figuras tan icónicas que se han mantenido a lo largo de todo este tiempo. Por supuesto, el valiente Link es la más reconocible de todas: sus ropajes verdes y su joven apariencia de elfo son un guiño al Peter Pan de Disney, del que Tezuka confiesa ser un gran fan. Así mismo, el pérfido Ganon toma su aspecto porcino de Cho Hakkai (Zhu Bajie), uno de los protagonistas de la famosa novela china Saiyūki (Xī Yóu Jì, «Viaje al Oeste»), pretendiendo mostrar un aspecto amenazador pero que incite a enfrentarse a él. Es Zelda, sin embargo, la que muestra una mayor evolución en su diseño final: puesto que el planteamiento original implicaba que Link viajara de manera alterna entre pasado y futuro para conseguir unos chips mágicos (que más tarde se convertirían en los pedazos de la Trifuerza de la Sabiduría), los primeros bocetos de la princesa mostraban a una chica joven pero con ropajes llamativos y futuristas, muy alejados de las regias vestimentas con las que ahora se le suele presentar.

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Algunos diseños cambiaron más que otros, pero no hay duda de que su identidad se ha mantenido a lo largo de todo este tiempo.

Sin duda, lo que más quebraderos de cabeza le trajo a Miyamoto fue encontrar el equilibrio perfecto entre exploración y dificultad. El hecho de que el mapa de Hyrule —el mundo donde sucede la aventura— fuera completamente abierto ofrecía un amplísimo abanico de posibilidades para los jugadores, pero también hacía que estos se vieran abrumados por la libertad que tenían y terminaran confusos sin saber qué acción tomar. Lejos de facilitar la tarea, el creativo decidió acrecentar la desorientación quitándole la espada al héroe al empezar el juego: para encontrarla hay que acudir a la cueva que se ve en el mismo inicio de la partida, donde un anciano nos la entrega con la ya manida frase de «Es peligroso viajar solo, ¡toma esto!». El objetivo de Miyamoto era hacer que los jugadores desarrollaran con lógica los pasos a seguir, como también fomentar la comunicación entre ellos para compartir ideas y descubrir todos los secretos que ofrece el juego. La comunicación se convirtió, pues, en una de las herramientas principales para resolver todos los enigmas de este título y, para la propia Nintendo, la aliada definitiva para hacer publicidad de su producto.

Cabe destacar que The Legend of Zelda fue uno de los títulos de lanzamiento para el Famicom Disk System, el nuevo periférico de la Family Computer (la NES japonesa), por lo que el boca a boca fue muy agradecido en la compañía. Las posibilidades que ofrecía el disquete en contra los cartuchos empleados hasta el momento es que este podía albergar una mayor cantidad de datos y, mejor aún, la posibilidad de guardar la partida para proseguirla en cualquier momento, sin la necesidad de complejas y farragosas contraseñas como se había venido haciendo hasta el momento. Otra mejora importante era el canal de sonido extra, que permitía el añadido de efectos de sonido para hacer la acción más absorbente. El compositor Kōji Kondō (autor también de las melodías de Super Mario Bros.) hizo un buen uso de estas características y creó una banda sonora a la altura, que se ha convertido en poco menos que un clásico en el panorama musical de los videojuegos, pero resulta sorprendente que su famoso tema principal llegara de rebote, pues Kondō pretendía usar el Boléro de Maurice Ravel como símbolo del juego. Al no haber expirado todavía los derechos sobre la pieza, improvisó el célebre tema de la campiña de Hyrule en apenas un día. ¡Quién lo diría, con la de años que lleva sonando!

El juego llegó a las tiendas de Japón el 21 de febrero de 1986 y lo demás no es historia, sino leyenda. Desde entonces ha llovido mucho y se han sucedido numerosas entregas, cada una con sus propias peculiaridades que han ido expandiendo los límites de la serie. Su fama es tal que cada juego está considerado como uno de los títulos más importantes en su respectiva consola, y no en vano se ha copiado su fórmula numerosas veces con el anhelo de alcanzar un éxito similar. Sin embargo, solo Nintendo es capaz de lanzar un The Legend of Zelda, y lo más meritorio es que lo lleva haciendo repetidas veces desde hace tres décadas ya. El nuevo proyecto, que llegará a lo largo de este año para Wii U, promete ser uno de los más ambiciosos en la franquicia y uno de los más espectaculares, sobre todo con ese inmenso mundo que se atisba en las pocas imágenes que se han visto por ahora.

¿Será este, por fin, el Zelda definitivo? Este humilde fan piensa que no, porque cada juego no es sino otro paso más en el camino a la excelencia. En cualquier caso, no hay duda de que nos hará vibrar y sentir la emoción de la aventura como siempre ha hecho en esa mágica tierra llena de fantasía que es Hyrule. Celebremos, pues, los 30 años de este icono del entretenimiento que esperamos siga en forma durante otros tantos años más. ¡Larga vida a la leyenda de Zelda!


Fuentes:

  • Texto realizado por David Heredia Pitarch [CoolJapan.es]
  • Imágenes extraídas de Hyrule Historia (Norma Editorial)
Bio del autor

David Heredia

Traductor, amante del manganime y de la cultura japonesa. Nacido en Vila-real, colabora con noticias y artículos para diversas páginas de carácter informativo. Le encanta investigar sobre todo lo que tiene que ver con la industria de la animación y de los videojuegos.